De la serie "Falacias Españolas", ahora voy con mi preferida:
"Sólo los borrachos y los niños dicen la verdad". Yo creo que esta trampa en el lenguaje describe perfectamente nuestras ganas de contar una buena historia, sin que la triste realidad nos la chafe.
Podríamos ser más rigurosos y decir simplemente: "Los borrachos y los niños siempre dicen lo que piensan", pero no, nunca lo he escuchado así.
Esta frase debe ser la reminiscencia en nuestra conciencia colectiva del cuento "El traje nuevo del Emperador" de Hans Christian Andersen, con la mitología peninsular sobre el dios Baco, de gran ascendente en nuestro país, que nos hace afanarnos en regar con buenos vinos las exquisitas viandas que nos llevamos a la boca. Pero, por qué confundimos lo que pensamos con la verdad, acaso tenemos una invalidez emocional que nos impide reconocer que lo que pensamos no tiene que ser necesariamente la verdad. Debe ser una cuestión de honor o de prepotencia.
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"Sólo los borrachos y los niños dicen la verdad". Yo creo que esta trampa en el lenguaje describe perfectamente nuestras ganas de contar una buena historia, sin que la triste realidad nos la chafe.
Podríamos ser más rigurosos y decir simplemente: "Los borrachos y los niños siempre dicen lo que piensan", pero no, nunca lo he escuchado así.
Esta frase debe ser la reminiscencia en nuestra conciencia colectiva del cuento "El traje nuevo del Emperador" de Hans Christian Andersen, con la mitología peninsular sobre el dios Baco, de gran ascendente en nuestro país, que nos hace afanarnos en regar con buenos vinos las exquisitas viandas que nos llevamos a la boca. Pero, por qué confundimos lo que pensamos con la verdad, acaso tenemos una invalidez emocional que nos impide reconocer que lo que pensamos no tiene que ser necesariamente la verdad. Debe ser una cuestión de honor o de prepotencia.
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