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Libros de este verano

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Trilogía Millennium, Stieg Larsson

Los muy conocidos libros me han dejado muy buen sabor de boca, el argumento es interesante y aunque tienen algunos fallos de "racord" con el personaje de Lisbet Salander, o el autor se olvida de algunos personajes (aparentemente, puesto que al parecer existe una cuarta parte), la historia engancha.

Casi no puedo dejar de reír, por lo inaudito en España, cuando el protagonista, que es periodista, espera a confirmar las fuentes para publicar un artículo.

Espero que este bestseller sirva para, ademas de luchar contra el maltrato a las mujeres, pueda ser la semilla para que una nueva generación de periodistas se amen a sí mismos y a su profesión.


A mi me ha gustado más el primer libro por los matizes de los personajes y la complejidad de la trama .



Sólo un muerto más, Ramiro Pinilla

(La veneración que tengo a este escritor no me debe nublar mi criterio cuando escribo sobre un libro suyo, así que con mucho cuidado empiezo.)


El libro, como cualquiera de Ramiro, es una obra maestra (opss!!, no lo conseguí). Se trata de la continuación de una pequeña trama de la trilogía del mismo autor “Verdes Valles, Colinas Rojas/La Tierra Convulsa.” Ed. Tusquet. Nº552. Aunque no se requiere la lectura de los libros de donde viene la trama original, yo lo recomiendo para un mayor disfrute.

Si el libro se observa como un conjunto, es una buena novela negra ambientada en la postguerra,
analizado por capítulos, a mi parecer, contiene algunos textos de los más brillantes que he leído.

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También continúo con God & Gun

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Contar los malos tiempos. Antonio B. el Ruso, ciudadano de tercera.

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Antonio B. el Ruso, ciudadano de tercera. Una novela de Ramiro Pinilla.
Cuando se recrean los viejos tiempos en la memoria colectiva, y sobre todo si fueron malos tiempos, siempre se recuerdan de la manera más benevolente, porque están influenciados por los vencedores y supervivientes. Y las décadas de los treinta , cuarenta y cincuenta del siglo pasado en España. ¿Cómo pasaran a la historia?
Ramiro Pinilla hace un ejercicio colosal de narración al meterse en la piel de una persona real, con los datos recogidos del propio protagonista, para hacer historia, quizas no de la clase de historia que se estudia en las carreras, que se reducen a un porcentaje al lado de un epígrafe. Por ejemplo, Analfabetismo- 45%, Población desnutrida – 40% …etc. Escondido detrás de números estádisticos está la historia de Antonio Bayo “el ruso”.
El tipo de narración que utiliza Pinilla para contar esto no está al alcance de muchos escritores y se ilustra perfectamente en la primera página del libro.

Infancia
Me llamo Antonio Bayo, pero cuando madre me echó al mundo, una mujer que estaba allí dijo: «i Leches, si es rubio como un ruso!». Así que no vaya usted por las Cabreras preguntando por Antonio, porque desde entonces todo el mundo me conoce por «el Ruso».
Ahora tengo seis años y madre me dice: -Súbeme una berza.
Madre es una mujer alta y delgada, de pocas palabras y agrias, siempre vestida de negro, con blusa metida en la cintura del muletón, madre- ñas y pañuelo negro a la cabeza. Marchó a América a los diecisiete años con tres mozas del pueblo, a quitar el hambre, y volvió con un hijo de cinco años en la mano y conmigo en el vientre y sin el gallego con el que vivió amontonada. Así es que yo nací en este pueblo de La Baña de puro milagro.
Regreso y le digo:
—No nos queda una berza en el campo.
Nací, como Cristo, sobre pajas, en ese cajón del suelo pegado a la pared donde ya dormían madre y mi hermano Mario, y donde, a partir de entonces, yo dormí también. Creo que mamé, como todo el mundo, pero muchas veces llego a pensar que ella me sacó adelante con berzas. Es el primer olor de este mundo que recuerdo. Es un olor importante en nuestra casa. Tan importante, que si falta aquí no caga nadie.
Madre me mira con dureza y dice otra vez:
–Súbeme una berza.
Cuando el hambre aprieta en casa, madre suele gruñir: «i Quién me sacó de América para pudrirme en este agujero!». Fue el abuelo quien la llamó. Era el dueño de esta casa donde vivimos, que la había heredado de otros Bayo. En La Baña, todas las casas son iguales, de piedras...


FOTO: "Libro sobre ordenador" AUTOR: Yo mismo, inspirado por RobC explicitador

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1º de Mayo. Día del trabajo

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A continuación tenéis un extracto de una novela de Ramiro Pinilla, donde explica el motivo de la celebración de el 1º de Mayo, en boca de mineros integrantes de la agrupación socialista de la Arboleda (Bilbao) de 1890. Pertenece a “Verdes Valles, Colinas Rojas/La Tierra Convulsa.” Ed. Tusquet. Nº552

-El primero de Mayo nació en Chicago -dice Eduardo.

-¡No quiero saber nada de...! -digo.

-Corría el año 1886 -dice Eduardo-. El movimiento obrero mundial no había conseguido unirse hasta entonces. Y ocurrió en Norteamérica, la nueva nación en la que tantos habían depositado tantas esperanzas de libertad. La reclamación que unió a los obreros fue:

« ¡Ocho horas de trabajo! ¡Ocho horas de descanso! ¡Ocho horas de Educación! ».

-¡Nuestro grito de las minas! -dice Marcelo.

-Hubo miles de huelgas y casi medio millón de trabajadores en la calle -dice Eduardo-. ¡Jamás el Mundo había conocido nada semejante! Los patronos se estremecieron y algunos aceptaron las ocho horas

-¡Trunk, trunk, trunk! -dice Marcelo.

-Pero la mayoría de los empresarios endurecieron sus posturas contra aquellos rebeldes a los que, dijeron, había que arrebatar su orgullo para que siguieran siendo maquinas humanas de trabajo. La prensa patronal escribía que el problema social sólo se solucionaría con la prisión y los trabajos forzados. Lo cumplieron con creces: en una ciudad, la policía disparó contra los manifestantes y mató a nueve. Masas de huelguistas acudían a la puerta de las fábricas a abuchear a los esquiroles, ya Chicago fueron enviadas numerosas fuerzas policiales con fusiles de repetición, y los usaron contra la muchedumbre de trabajadores, causando una masacre: seis muertos y cincuenta heridos. La prensa obrera anunció que la guerra de clases había empezado, que los trabajadores responderían al Terror blanco con el Tenor Rojo. Decían: «¡ Tened coraje, esclavos! ¡levantaos! ». Horas después, hubo un mitin de protesta en la plaza del mercarlo de heno de la misma Chicago, una manifestación pacífica, y se reunieron quince mil personas. Hablaron varios líderes obreros subidos a un carro. Podemos imaginarnos las duras denuncias que dirigieron a la fuerza armada de represión. De pronto, apareció la policía y comenzó a disparar contra la gente que escuchaba. Parece y que un anarquista alemán arrojó una bomba contra los policías, matando a varios. Llegaron refuerzos e iniciaron un fuego cerrado contra las personas que aún seguían en la plaza. La prensa burguesa diría después que cayeron más de cincuenta«agitadores», pero la cifra se queda muy corta. Se implantó en Chicago el estado de sitio, el ejército ocupó los barrios obreros y se practicaron innumerables detenciones. La Justicia centró su venganza en los que habían dirigido la palabra a la multitud. Las únicas pruebas contra ellos serían las declaraciones bajo juramento de los testigos. El ministerio público utilizó falsos testimonios. Se pidió la pena de muerte para los acusados sin ninguna prueba de que hubieran ejercido la violencia. El comportamiento de los reos durante e1 juicio fue admirable. Uno habló al juez como representante de una clase dirigiéndose al representante de otra, y le acuso de ser un mandado de los banqueros. Otro emocionó a muchos exponiendo la cruel explotación de clase que había sufrido, primero en Europa luego en América. Un tercero declaró que la sociedad capitalista sea apoya en la fuerza, en la violencia de todo tipo que ejercen los de arriba contra los de abajo. Y así los demás. Acabaron pidiendo que les colgaran si con ello ayudaban a que avanzasen en el mundo las ideas socialistas.

«Había sido procesado, también, otro que se llamaba Pearsons, Parsons o algo así, que pudo huir cuando sus compañeros fueron apresados; pues bien: este valiente abandonó su seguro refugio y se entregó para correr la suerte de sus amigos, y éstas fueron las palabras que pronunció, palabras que yo nunca olvidaré: "... para subir también al cadalso por los derechos del trabajo, la causa de la libertad y la justicia para los explotados".»

Fue un juicio vergonzoso. Fue el juicio de una clase contra otra. Uno de los jurados llegaría a confesar a sus amigos que el proceso sobraba, pues, en cualquier caso, los hombres que se sentaban en el banquillo estaban sentenciados de antemano a ir a la horca. ¿Razones? También las dijo:"Son hombres demasiado sacrificados, demasiado inteligentes y demasiado peligrosos para nuestros privilegios".

-¡Malditos! -dice Marcelo.

-Los ocho procesados fueron condenados a la horca, aunque a dos se les rebajó el castigo. Se apeló, pero el Tribunal Supremo de los Estados Unidos confirmó la sentencia. Los colgaron en el patio de una prisión rodeada por tropas que contenían a la multitud. Murieron con valor. Uno de ellos, en el momento de abrirse la trampa bajo sus pies, pronunció:«Éste es el momento más feliz de mi vida».

Nadie habla alrededor de la mesa. Miro a Isidora: sus ojos están mojados. No lo entiendo: ¿acaso eran parientes suyos? Ahora ha levantado la cabeza y me mira, y no veo en su cara rastro de Getxo.

-En Altubena yo siempre trabajo más de ocho horas y no me quejo a nadie -digo.”

Es una pena que este año haya cuatro manifestaciones para celebrar el día de los trabajadores. Una razón, quizás pueda ser, que el movimiento obrero se quedó satisfecho con las ocho horas de trabajo, pero se olvidó de las 8 horas de educación…





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La Higuera.

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La novela de Ramiro Pinilla, publicada en 2006, ha recibido varios premios y está ambientada en la guerra civil. Cuenta la historia de un falangista que pertenece a una cuadrilla que por las noches van a dar “paseos” en Getxo, realizan asesinatos selectivos de nacionalistas vascos y socialistas. Muy recomendable.

Algunas novelas contemporáneas sobre la guerra civil, narran historias desde el bando nacional. Ejemplos de esto se pueden leer en: la historia del Capitán Alegría de los “Los Girasoles Ciegos” de Alberto Méndez, “Los Soldados de Salamina” de Javier Cercas, “La Mula” de Juan Eslava Galán, "Mala gente que camina" de Benjamín Prado o el “El Corazón Helado” de Almudena Grandes....

Los horrores de la guerra y la impostura de los vencedores desde el bando que perdió y se quedó, escrito de una manera sincera, con la libertad que da la distancia y la indignación del que sabe que todavía no se ha contado todo, han tenido que pasar más de 70 años de silencio para que los intelectuales abordaran este punto de vista. Que cada uno saque sus propias conclusiones.


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