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Maldita (IV) y fin

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(Capítulo anterior)

Ella me quería, lo sé; había momentos que cuando estábamos juntos en los que podía ser la persona más dulce y cariñosa del mundo. Besos y arrumacos de gata y un carácter que se amoldaba a mis deseos. — Ves, si yo soy muy fácil de llevar — me decía. Y a ratos, eso era cierto. Pero cuando se iba de mi lado, ella creaba un vacío imposible llenar.

— Si me quieres, ¡salta valiente! aquí te espero. — me decía, y tenía razón. Pero no es el amor "saltar al vacío" y renunciar a ser uno, para ser dos. No sé si será por egoísmo, yo creo que la gente espera dividir la tristeza y multriplicar las alegrías con "el amor". Ella daba y ofrecía su amor, pero no su cuerpo, al menos no en exclusiva. Ni su cuerpo ni su tiempo, había sitios donde nadie la podía acompañar, el sólo hecho de ser en ella alguien conocido invalidaba cualquier invitación a las alturas y al abismo donde ella viajaba. Por si no ha quedado claro, ella era una artista, una pensadora poética, una diseñadora de la vida con la sensibilidad a flor de piel para disfrutar de la alegría donde estuviera, y si la alegría no estaba invitada, ella simplemente la inventaba y la patentaba.

Mis quejas de dolor de corazón sólo obtuvieron una mirada tan huidiza como su predisposición a seguir viendonos. Sentí como mi amor se interponía entre nosotros, porque no era el amor que ella necesitaba. Entendí, el por qué no se permitía dar nunca el primer paso, no quería hacer daño. Porque sí, ella estaba hecha de cristales rotos, ella era la en un primer momento hacía que todas las brújulas giraran donde ella estuviera, pero una vez fijado el norte en ella, no hacía nada más que volverlas locas, y no había muchas brújulas que supieran amar como ella necesitaba, no había muchas pieles dispuestas a lacerarse con esquirlas de un corazón hecho de cristales rotos, pero ¿no es el amor el único que puede proporcionar la fuerza suficiente para lograr todo eso y más?. Pero esa era su maldición por tener el magnetismo de hacer girar las agujas de las brújulas hacía sí; el hacer daño sin querer a quienes la adoran.


El escritor se retira de la pantalla, mientras se enciende un cigarro, se medica bebiendo un licor fuerte y piensa en si debería de continuar la historia; él ya ha contado la "infección" y podría continuar describiendo la enfermedad, el tratamiento y la cura, pero no, decide que no conoce la cura, y describir la enfermedad es una historia de dolor, sufrimiento y recaídas que no merecen estar junto a la descripción del momento mágico que supuso el conocer a su maldita.



fin

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Maldita (III)

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Capítulo anterior
La sonrisa no se desdibujó de mi cara hasta que, pasados unos días, cuando quise reencontrarme con ella, constaté que estar en un mismo espacio y tiempo era más difícil de lo que podía imaginar en un principio. No se parecía a nada de lo que yo había vivido antes. Y no es que tuviera la sensación que ella no quisiera estar conmigo, simplemente era que su agenda era una concurrencia desbordada de citas con la vida más trepidante de la capital; no había sarao, fiesta o evento a la que ella no fuera, y además fuese esperada. Seguirla era una tarea casi imposible. Pero cuando estaba con ella, yo la sentía como fuego que se alimentaba con los celos, la rabia y el ansia acumuladas por la espera; llamas incandescentes que no se consumían porque simplemente, ya era parte de mí. El fuego estaba en mi cabeza y me hacía ver como el tejido que me recubre se ennegrecía y chamuscaba de la frustración de desear algo que no puedes poseer.

Pero los celos con ella, tampoco eran una opción y yo lo asumí lo mejor posible. Ella tenía la impertinente misión de estrujar la vida hasta su última gota, aunque para ello tuviera que renunciar a lo que ansía una persona normal. No buscaba la santa paz que buscamos todos. Pero era una "renuncia" a premeditada, pocas personas reflexionan el para que les vale llegar a una meta diseñada por las convecciones sociales. Tener mujer, tener hijos, un estatus social vender tu alma para alcanzar una estabilidad que luego te haga cobarde; y con mucha "suerte", llegar a tener miedo de perder lo que has conseguido, miedo de los cambios que solo pueden ser a peor y no darte cuenta de que si no avanzas, es porque retrocedes. Porque avanzar es la única alternativa para los malditos. Asimilar su estilo de vida fue la mayor aventura a la que me había enfrentado nunca.

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Maldita (II)

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Capítulo anterior


En un pub del centro de la ciudad, pudimos seguir con nuestra charla los dos sólos. Tres mojitos después, la conversación derivó en algo casi infantil, pero quizás por eso, muy sugestivo. Me hizo una enumeración de lo que le gustaba en un hombre. — ¿sabes lo que me gusta de un tío?— me dijo, yo moví la cabeza en un gesto de negación.


— Me gusta que huela bien, pero no su perfume sino su olor corporal. Me gusta que tenga una piel sana y lisa. Me tiene que gustar su voz, tiene que ser tranquila y relajarme. Me gusta que no tenga mucho pelo en el cuerpo, tampoco no puede ser violento, ni dominante —.


También me dijo que ella nunca daba el primer paso, simplemente lo ponía fácil y que al final sucedía, que ésa era su manera de ligar.


— Pues siento decirlo; el amor necesita valor. — Contesté, arrimé mi boca a sus labios y sucedió. Nos besamos largamente, aspire su esencia, sorbí su frescura y su olor me impregnó. Al final, la acurruqué sobre mi pecho en un largo abrazo. No se me ocurrió pensar en lo que sucedería después. Sólo pensé que a veces, la vida se confunde y suelta gloria a tus pies, y que entonces sabes que vives y no sólo sobrevives.


Después de meternos mano en el taxi que nos llevo hasta su casa, pasamos una noche estupenda donde me demostró que la desinhibición y la iniciativa que hacía gala fuera de las sábanas, también las mantenía cuando estaba dentro de ellas. Abrazados en la cama, mi cara no podía dejar de dibujar una estúpida sonrisa delatora.


— No te vayas a enamorar, tengo el corazón hecho de cristales rotos y no quiero que te cortes— me advirtió.

— Descuida, eso nunca ha ocurrido — Mentí a sabiendas, tres horas antes hubiera sido verdad, pero en ese momento no. Pero quién responde con la verdad cuando con eso desharía tan sublime encanto. El amor es una droga dura, y así debería ser calificada por las autoridades sanitarias, si no viviéramos en una sociedad donde fuera tan fácil mentir a unos labios a los que adoras.


(continuará)


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Maldita (I)

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viene de aquí: Prólogo

La conocí en una reunión de trabajo, yo llevaba demasiado años en la misma empresa como para que me pudiera sorprender lo que se pueda decir en una de ellas, pero mi empresa por fin me hizo caso, y quiso abrir sucursales en las redes sociales, necesitabamos un experto en nuevas tecnologías y el experto resultó ser ella.

Vestía con ropas de marcas difíciles de reconocer y de una talla levemente más alta de lo que podría ser recomendable para favorecer la intuición de las curvas que se escondían debajo de ellas. Pero daba igual, la pasión en la manera de exponer sus ideas hacían que la indiferencia con ella no fuera una opción, hasta las brújulas verían en ella el norte si la tuvieran cerca, tenía magnetismo. En las cañas, después de la reunión, ella seguía haciendo alarde de una chispa que prendería fuego hasta encima de témpanos de hielo. Pero ya no hablamos sólo de asuntos de trabajo, si no sobre otros temas más livianos. Ella tenía conocimientos aceptables de música y de cine, pero lo que más me llamó la atención fue su forma de hablar de literatura; libros y autores eran despachados en apariencia de la forma más caprichosa, pero una vez superado el primer asombro por la forma tan enérgica con los que eran expuestos los argumentos, acababas reconociendo que en el fondo escondían razonamientos originales y que tenían, sino toda, mucha parte de razón.

Cuando la noche siguió avanzando, nos fuimos a terrenos más discretos para continuar nuestra charla, y esta vez ya a solas.

(continúa aquí)

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Maldita (prólogo)

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El escritor se sienta en el escritorio de su despacho, mira la pantalla de su ordenador y la ve en blanco. Escribe la primera palabra en su teclado, la que sabe que le va inspirar toda la historia, pero antes de escribirla, mira su significado en el diccionario y encuentra en la segunda acepción la esperada:

maldito, ta.
(Del part. irreg. de maldecir; lat. maledictus).

1. adj. Perverso, de mala intención y dañadas costumbres.

2. adj. Condenado y castigado por la justicia divina. U. t. c. s.

(...)


Hechas las últimas comprobaciones, el escritor comienza el relato.

Maldita, yo ya sabía lo que era, alguien me lo había contado. Bueno, alguien no, fue el televisor, que para la mayoría de los de mi generación es casi lo mismo. Fue en la entrevista a la viuda de un compositor de éxito de los años setenta. Su marido se había suicidado sin que ella pudiera hacer nada por evitarlo. Era un maldito, un egoista y un cobarde; maldito porque estaba condenado a hacerlo todo por llegar a la cima de su creación, un egoísta porque nunca pensaba en otra cosa que en él y cobarde no dar el paso de enfrentarse a los temores de llevar una vida en paz consigo mismo y con los demás. Fue igual que estuviera avisado, cuando conocí a mi maldita, caí en la trampa, pero mi rendición no fue fácil y luché con todas mis ganas, pero es increíble lo fuertes que nos podemos creer a la hora de emprender una aventura. Pensamos que tenemos el corazón protegido con un chaleco antibalas, pero la mayoría de las veces no es así, no somos dioses, sólo somos hombres lo bastante inteligentes para creer que podemos vivir como ellos, y tan estúpidos como para intentarlo.

(Continúa)

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El Lado Oscuro

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Publico esta historia mientras termino de la historia de "German, el Campesino". Siento el retraso, ¡No me da la vida!
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El Lado Oscuro

Dos cuerpos desnudos descansan sobre una manta tendida en un parquet recién barnizado. No hay muebles, no hay lámparas, sólo una escayola ornamental en el techo y un suelo pulido de madera que extrañamente huele bien. Era septiembre, y a esas alturas del año ese piso tendría que estar habitado por una pareja joven de éxito profesional, y en el suelo del salón yacen sólo la mitad de la dupla de personas que el destino tenía dispuesto si algo no se hubiera quebrado en marzo.

Él escucha con una mueca que está a medio camino de la perplejidad y comprensión. No le hace falta hacer un ejercicio de empatía, él ya ha sentido esas sensaciones; cuando le tocó vivirlas a él las tuvo que resolver lo mejor que pudo. A decir verdad, él nunca verbalizó sus tribulaciones sobre el "lado oscuro", aunque había leído muchas novelas, había escuchado muchas canciones y sobre todo había leído muchos poemas de autores que ya habían estado en ese sitio, y sus lugares comunes le habían ayudado a comprenderlo. Él lo llama "el lado oscuro" no porque fuera malo, sino porque todo lo que pasa a ese lado de la vida, por lo general se oculta al resto del mundo.

— Me siento estancada, quiero vivir una vida que merezca la pena ser vivida, ¡quiero ser feliz!.— La voz de ella resuena en la estancia desvelando la ausencia de enseres.
— ¿Y por eso te has pasado al lado oscuro?.
— ¿A qué llamas tú "el lado oscuro"?— pregunta sin entender el concepto.



A él le gustaría decir muchas cosas, pero en realidad lo que podría decir no valdría de mucho para alguien que ha roto con su vida y empieza una nueva etapa. Pero quizás por eso, porque sabía que para cada uno tiene un significado diferente, nunca diría en voz alta lo que pensaba. "El lado oscuro" para él, era un estado mental que le hacía hacer todo lo posible por sentir emociones y anteponerlas a la razón y la moral establecida o incluso a la moral que él mismo había tenido en otro momento de su vida. Eso no significa que no tuviera moral, sino que tenía la suya propia, en realidad, todas las personas que conocía en el "lado oscuro" tenían su propia moral, y a veces es más rígida que la "oficial", lo que las diferencia es la naturaleza de su búsqueda; sexo, compañía, alcohol, drogas, amores prohibidos o huir de la realidad que los aplasta. Él también las había clasificado por profesiones, se había encontrado: hedonistas y una retaila de escritores, cantantes y poetas. Estos últimos se diferencian de los hedonistas de profesión, no porque se comporten de una manera diferente, sino porque lo hacen con la "perfecta" excusa de "sentir" para alimentar a las musas de su inspiración y que les hagan sangrar novelas, llorar canciones o sudar poemas, quizás no tendría porque ser así, pero el caso es que parece que para muchos escritores, cantantes o poetas no se puede parir nada creativo sin sufrimiento.


Él sabe que algunos caminos no se pueden explicar por muy claros que parezcan, son sendas de las que sólo se pueden sacar lecciones si las vives en primera persona. Piensa que son las experiencias vitales necesarias para valorar las futuras, y sólo por eso, sirve de mucho pasar una temporada en "el lado oscuro". Que de alguna manera el ser humano tiene la desgracia de valorar su estado por comparación, porque raramente valora algo que cree bueno sin poder compararlo con algo que cree malo. Y por otra parte, cuántas veces había visto a cincuentones hacer todo lo que no habían hecho en la veintena, perder la mitad de su vida porque no habían tenido el valor de reconocer que, por muy perfecta que pareciera la vida que tenían, no era la suya. Pero podría suceder lo que para él era el camino más cobarde; las personas que prefieren llevar una doble vida, sólo para no tener que quebrar una "perfecta" línea vital que con el tiempo se hace mucho más dura y fuerte por que están cimentadas por hipotecas, por estatus social y por muchas más cosas que las personas creen necesitar y la hacen mucho más difícil de romper. Por eso, quién es nadie para aconsejar el "lado oscuro" como camino a seguir. No, él nunca lo recomendaría porque tendría la sensación de haber ofrecido el primer cigarro a alguien que antes nunca hubiera fumado. No, él piensa que si eso no se decide por uno mismo, es como adulterar una decisión que tiene que ser exclusivamente personal, por eso prefiere callar.



Después de un momento de reflexión el contestó: —Esto es el lado oscuro, tú y yo aquí. Dar la vuelta a toda tu vida...—
— Ja, ja ¿Para ti esto es el lado oscuro?, para mí sólo es hacer lo que realmente quieres y no lo que quieren los demás. Ya estoy harta de vivir una vida que no es la mía. Seguro que me equivocaré, que me caeré y que me dolerá, pero al menos serán mis equivocaciones, y mi dolor será el que yo elija.—

Mientras ella se acurruca sobre su pecho le susurra sin tono de burla:

— ¡ay!, a veces, ¡pero que soso eres!—

Mientras él piensa "chica-lista", alcanza a responder:

— Sí, a veces...

La luz se cuela por los orificios de las persianas hasta chocar con las paredes desnudas del salón, las sombras dejan paso a la claridad perezosa de un domingo trasnochador. Algún día esa casa sería un hogar, y cuando lo fuera, ésta sería mucho más fuerte y estable que si hubiera nacido antes de tiempo. Estaba amaneciendo y esa noche "el lado oscuro" debería cambiar de nombre, pero no lo hará.

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Germán, el campesino. Parte IV

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(Viene de aquí)

Le digo, -Madre, no llore, que estoy bien, tiene que ser fuerte-. Y me pregunta qué hará, cómo atenderá todas las labores sin mí, Emilio la interrumpe, -”Manuela no sé preocupe, yo la echaré una mano en lo que pueda”.
Empieza a llegar gente, el siguiente es Don Pedro, no sé como se ha enterado, viene con un cigarro puro encendido en la mano y acompañado de sus hijos. Llega con buen humor y me dice que no me preocupe de nada y que se va ha hacer cargo de todo. Emilio me mira disgustado, le entiendo, Don Pedro es el más rico de las aldeas de alrededor y además es el alcalde del concejo, Emilio me dijo hace unos días que se le ha puesto entre ceja y ceja, que en la concentración parcelaria que estamos haciendo en el pueblo, quiere juntar tierras para sacar ventaja. Yo ahora no estoy para pensar en eso. Me alegra recibir visitas, para mí es una novedad, igual que el abrazo de madre. La enfermera entra en la habitación e interrumpe a Don Pedro, y dice que en el Hospital no se puede fumar, que apague su cigarro puro. Don Pedro le sonríe, la aparta hacia la puerta, le dice que una chica tan bonita no tendría que tener ese mal carácter, le pone un billete sobre su mano, y le recomienda que se compre algo bonito para que alegre su cara. Ella se pone blanca, debe de intuir que a don Pedro no se le lleva la contraria, y aunque no coge el dinero, me pregunta si me molesta el humo; Yo niego con la cabeza, y luego se va, no sin mascullar entre dientes, que “esto es intolerable y que nunca le había pasado algo así”. Me parece que la enfermera va tardar en volver a aparecer por la habitación. Luego Emilio dice que se va, me da la mano y se me acerca al oído, me susurra que tenga cuidado se lleva también a mi madre, tiene que seguir con las labores de casa; encerrar al ganado, dar de comer a los cerdos, y muchas más cosas ahora que yo estoy aquí. A Emilio nunca le ha caído bien Don Pedro, y aunque no han tenido problemas, se conocen y por eso se respetan.
Ahora Don Pedro me ofrece un puro a mí, yo lo acepto, la verdad es que nunca he fumado un tabaco tan bueno y debe ser muy caro si lo fuma Don Pedro.

(Continuará)

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Germán, el campesino. Parte III

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(Viene de Aquí)

Emilio tiene unos diez años más que yo, ha viajado mucho y es muy listo con la mecánica y con todo. Siempre me da buenos consejos, ha estado en Argentina y de ahí se trajo a la mujer que tiene. A mí no me gusta porque ella siempre está protestando por la vida que tiene aquí.

Llego a casa y no está madre, por la hora, estará con las vacas en el prao. El que está es Emilio, atiende a las señales de mi bocina, y viene a auxiliarme. -¿Qué te ha pasado Germán?¿estás pálido?-, “tengo frío”, le respondo. Ve el estropicio de mi pierna y se apresura a buscar vendas y gasas de su casa, me quita el pañuelo y me dice que he perdido mucha sangre. Me compone un vendaje en un santiamén que me apreta más que el pañuelo que tenía antes. Me mete en su coche y vamos a toda velocidad al hospital, porque me dice que eso sólo lo puede arreglar un cirujano.

Ahora estoy en el hospital tumbado en una cama, a mí lado está Emilio, la habitación es alargada y de color blanco, tiene una ventana por donde pasa la luz de la tarde. Me doy cuenta que me duele la pierna y pienso que es bueno porque significa que todavía es mía, un médico asistido por una enfermera me ha cosido como si fuera un abrigo, por dentro y por fuera. También tengo una calentura en el brazo que debe ser de la inyección que me han puesto, que me está haciendo reacción. Me están poniendo antibióticos para combatir la infección. Yo creo que no ha sido para tanto, aunque me ha dicho el médico que he perdido mucha sangre, y que si me llegan a traer media hora más tarde no lo hubiera contado. Le pregunto a Emilio que si ha avisado a madre, me dice que sí, que ha mandado recado a su mujer para que la avisara cuando llegue a casa. Ahora pienso en cuánto tiempo tendré que estar en el hospital, yo no puedo faltar a mi labor en casa. Se lo pregunto a Emilio, y me dice que como mínimo una semana si la herida cura bien, pero que no me preocupe, que se hará cargo de lo que pueda. Llega mi madre llorando y me abraza, pregunta si estoy bien entre sollozos, me siento extraño devolviendo el abrazo, mi madre nunca me abraza ni yo la abrazo a ella, la situación es nueva pero me gusta.

(continuará)

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Germán, el campesino. Parte II

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(Viene de aquí)
Me sorprendo de que lo que veo no me duela, un trozo de metal ha atravesado el pantalón y está clavado en mi pierna, pero no noto nada. Ahora ya sí noto como un líquido se escurre hasta dentro de mis botas y empiezo a sentir la pierna fría porque el líquido es mi sangre, y el aire que corre en el prao la enfría. Empiezo a sentir un dolor agudo en la zona más húmeda de la pierna y me dejo caer sobre la hierba. Pienso en lo que puedo hacer, no sé si quitarme la hoja que tengo clavada, pero me la quito. Veo que el trozo de metal es más grande de lo que me parecía y noto como la sangre que se escurre por dentro del pantalón es cada vez mayor. Suelto el pañuelo que tengo al cuello y lo ato alrededor del muslo con un nudo fuerte a la altura de la herida. Me ayudo del mango de la guadaña para levantarme e intento andar hacia el tractor que está como a quinientos metros, pero voy lento porque no puedo apoyar mi pierna izquierda. Pienso en el tiempo que voy a tardar hasta que me atiendan. A este ritmo, tardaré media hora hasta el tractor, otra media hora hasta mi casa, donde tengo que coger el coche y todavía tardaré unos quince minutos hasta la casa del médico. Espero que en hora y cuarto ya me puedan coser y la cosa no pase a mayores. Si Emilio está en su casa, me podrá llevar él en mi coche, porque con la sangre que estoy echando, el suyo se lo pondría perdido. De las cinco casas que tengo alrededor de la mía, la única donde vive alguien es la de Emilio, que además, es mi mejor amigo.

(continúa Aquí)

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Germán, el campesino. Parte I

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Estoy trabajando, pero es que aquí siempre hay mucho trabajo si no es de una cosa es de otra. Ahora corto la hierba del “prao” para que las vacas tengan algo que comer en invierno. Desde que se murió padre me toca cargar con todo lo que hacía él, y no me quejo, es mi labor y dios lo ha querido así. Madre también hace lo suyo y entre los dos salimos adelante como gente de bien. Tengo que coger la guadaña y cortar la hierba. Ya tengo "pillado" el movimiento, yo creo que es casi como bailar pero la música la pongo yo, pero no es lo mismo porque aquí lo hago sólo y no hay cuidado de pisar a nadie. La verdad es que, si de algo me podría quejar, es de lo solo que estoy en el campo y luego en el baile tampoco bailo con nadie, porque me da vergüenza pedir bailar a las mozas. Me como los palmos de tierra con mi vaivén y luego con el rastrillo acumulo la hierba en montículos que cubro con plásticos y piedras de pizarra para que aguante hasta el invierno. La guadaña es la de mi abuelo, debe tener más de 80 años y corta muy bien, todas las mañanas la pico con cuidado y tiene una hoja muy fina de afilarla tanto y del uso. Y es que podría cortar un pelo en el aire. Me imagino que bailo una de esas músicas que tocan las bandas que vienen al pueblo en fiesta y yo con la guadaña llevo el ritmo. Tan, tan, ta-chan, tan, tan ta-chan. En uno de estos vaivenes, no me doy cuenta y la cuchilla de la guadaña choca con una piedra, la hoja se parte en dos y un trozo de hierro vuela como una golondrina hasta mi pierna. Es bonito ver como se desplaza en el aire, pero el trozo de hoja se ha clavado en mi muslo.

(continúa Aquí)

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Buenos días, he venido a hablar de los problemas de mi pueblo...

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(dedicado a quien Ella sabe)

Los barcos pesqueros llegaban uno a uno a la entrada del puerto, donde una brisa ligera y un sol a medio gas, les esperaban con plácida tranquilidad. Ella observaba la escena sin que se pudiera quitar de la cabeza su situación.

Ella tenía un puesto de responsabilidad, y también tenía un “problema” que no podía afrontar sola. Ella no sabía hablar en público sin ponerse nerviosa.


Incluso siendo militante de base en su partido, ya había tenido que superar este problema a una escala menor. Ella recordaba cuando hace años, y estando en corro en la agrupación, alguien le preguntaba su opinión, ella sentía como todas las miradas se clavaban sobre ella, y a continuación con un hilo de voz, sin apenas aliento, respondía con el número más pequeño posible de palabras.


Fueron pasando los años y eso cambió; la confianza y el cariño de los militantes de su agrupación, hizo que no sólo respondiera con naturalidad, sino que pudiera exponer sus motivos para cambiar y mejorar la vida de la gente de su pueblo. Y el “problema” fue subiendo de escala, pero todavía lo pudo controlar cuando la nombraron “jefa” de su agrupación. Y ahora no tenía que hablar sólo delante de sus compañeros, sino también, delante de sus vecinos y de sus rivales políticos. En ese momento, su monstruo se llamaba "el pleno municipal".


Al principio, hablar en el pleno le parecía un problema enorme, pero los políticos del partido contrario la ayudaron sin saberlo. A ella le había tocado, no sólo vivir una época donde las ideas políticas de sus adversarios eran diametralmente opuestas a las suyas, sino que encima, ellos las exponían con las formas más groseras. Por ese motivo, la indignación que sentía era tan fuerte, que el “problema” quedaba apartado y arrinconado. Era increíble como desaparecían sus dudas cuando ella estaba enfadada, y la valentía y el coraje ocupaban su lugar. Ella era muy buena en ese momento, opinaban los viejos de la agrupación.


Pero el “problema” seguía viviendo en ella. Ahora le tocaba hablar en todo un comité regional, delante de más de mil personas, entre delegados, periodistas e invitados. Ya había dado demasiadas excusas, ya no le quedaba otra salida que admitirlo, ya no podía decir otra vez, -bueno, ahora no tocar hablar, el momento no es propicio- o esta otra -No me ha dado tiempo a prepararlo-. Hasta ahora no había puesto en evidencia a su agrupación, pero el momento crucial no podía esperar más.


Ella sabía muy bien la teoría; relajarse, saber respirar lentamente para no quedarse sin aliento, pensar que estás hablando en el salón de tu casa. Incluso alguien le dijo, que tenía que imaginar a los asistentes desnudos. Ella nunca lo diría en voz alta delante de extraños, pero esto último, le parecía como poco una idiotez. - ¡Políticos desnudos!, eso sí es un motivo para salir corriendo- pensaba.


Ella admiraba la fluidez de los políticos más viejos, y no podía entender cómo funcionaba su cerebro. Cómo podían convertir pensamientos abstractos en palabras fluidas, una detrás de otra, sin apenas equivocarse, transformarlas en ondas sonoras y otra vez en pensamientos abstractos en las cabezas de muchas personas. A Ella le parecía un milagro inalcanzable.


Una tarde en la Casa del Pueblo, se le acercó Pablo, un histórico de su agrupación y fue directo e implacable.


-Niña, el próximo comité vas a hablar de nuestro pueblo. Tenemos problemas que tienen que ser escuchados.- Sentenció.


Ella se quedó blanca. Sabía que contra esas arrugas octogenarias, curtidas por el salitre de la mar, no podría poner ninguna excusa. Con ojos sinceros, ella confesó.

-Sí, Pablo... Tengo un serio problema. No puedo hablar delante de tanta gente porque el miedo me aterroriza y creo que no lo podré hacer.


Hubo un silencio respetuoso. Pablo al final,en tono cariñoso pero duro, respondió:

-Pero niña, eso lo tenías que haber pensado antes. Tus miedos cuando nos representas ya no son los tuyos, son los nuestros. Y como nosotros no tenemos miedo, pues cuando hables, tú tampoco.

-Ya Pablo, pero cuando me imagino estar delante de tanta gente, se baja una nube gris delante de los ojos y no me deja hablar, ni hacer nada. Yo creo que es, porque no sé si lo que voy a decir va a estar bien, si va a estar a la altura de las siglas que represento....

Hubo otro silencio, y Pablo volvió a hablar.

- Ay mi niña, pero no ves, que sólo se te ocurre a ti, eres tan responsable que te pones a pensar en lo que vas a decir justo en el momento en el que sólo tienes que ponerte a hablar. Los momentos de pensar en lo que vas a decir, son los meses anteriores, en los debates que tenemos entre todos, son los días anteriores, pasando a palabras lo que aquí, decidimos entre todos...

-Pablo, si eso ya lo hago.- protestó -Dos días me ha llevado preparar lo que tengo que decir en dos minutos.

-Pues ahí arriba, no pienses, sólo hazlo. Te pareces al soldado que en medio de una batalla, elige ese momento para pensar si la guerra en la que participa es justa o injusta. El sólo puede luchar. Tú hay arriba igual, sólo puedes actuar, la trascendencia se la tienes que dar antes o después, pero no ahí arriba. Ahí arriba solamente tienes que hablar, y eso sabes y puedes, y todos sabemos que lo vas hacer muy bien, porque pore eso te hemos elegido como nuestra representante. No lo olvides nunca.

Llegó el día del comité. Ella se subió al atril, y con voz temblorosa, pero que auguraba que no se iba a callar hasta que dijera todo lo que tenía que decir, pronunció la primera sentencia de muchos discursos brillantes.

“Buenos días, he venido a hablar de los problemas de mi pueblo...”


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Un croissant y un café con leche.

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Cuando salí del local estaba desconcertado; ¿en qué clase de mundo estábamos viviendo?, ¿por qué todo un tesorero del PP tiraba de la manta? ¿y que estrategia tenía que seguir yo para, como aprendí en la facultad de las ciencias de la información, interpretar la realidad para revelar la verdad?

Luis "el cabrón" Bárcenas hacía honor a su sobrenombre, puesto que sí, lo pude entrevistar, pero ni me dio ningún disco duro, o cintas de vídeo o de audio donde estuvieran plasmadas las operaciones delictivas de su partido, en definitiva, ninguna prueba de lo que decía.

Había dos caminos, o publicar la entrevista, que dada mi escasa reputación, quedaría en papel mojado en la página quince de mi diario, o también podía seguir con la investigación. Pero, ¿por dónde?.

Ciertamente la estrategia del partido popular estaba clara, a la vez que ponía en marcha el ventilador, denunciando de manera masiva irregularidades cometidas por el PSOE en ayuntamiento donde gobernaba en la Comunidad de Madrid. Por cierto, esa era una estrategia de muy escaso recorrido, puesto que estos ayuntamientos eran muy pocos. Y a la vez, el Partido Popular realizaba una huida hacia adelante, acusando al gobierno de utilizar los resortes del gobierno para espiarlos y así aniquilar al principal partido en la oposición. En definitiva, el PP utilizaba la estrategia del calamar.

Aunque en una ridícula versión española, porque el partido conservador se dedicaba a espiarse a si mismo, todo esto tenía pinta del paradigma del caso más deseado del periodismo moderno, el escándalo Watergate.

Mis pasos se detuvieron ante la puerta del Café Gijón. Allí, alguien me llamo por mi nombre o casi.

-Chaval, chalval... Ignacio. ¿Creo que tengo una información que puede interesarte? me espetaba desde la puerta del Café, un tipo con un traje gris, a la vez que me hacía un ademán invitándome a pasar.

Al cabo de dos horas, ya tenía claro con quien estaba hablando; era un ex-guardia civil, que trabajaba para un departamento poco conocido hasta ahora, de la consejería del interior de Comunidad de Madrid. En otros palabras, era un espía.


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(foto: Vicente González)

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Cotidiana

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1
Tres de Septiembre. Guardo la ropa en la taquilla y me incorporo al puesto de trabajo en turno de mañana. Café, pequeña tértulia durante el desayuno con los compañeros, un cigarrito, y al tajo, mejor no digo que hora es.
El taller comienza a despertar; los operarios reparten el material solicitado; los dígitos de un indicador de presión brillan en la semioscuridad de un cuarto vacío, como los ojos achantes de un animal salvaje sumergido en su guarida; se escuchan las primeras voces, indicaciones de los jefes de sección, risas, y de fondo... la voz de Francino desde mi aparato de radio. Buenos días.2

Una sonrisa de dos años me ilumina el alma desde la pared. Es la foto de mi hijo, que, cada mañana, me recuerda quien soy y porque estoy allí.
Me gusta escuchar la tertulia de "Hoy por hoy", ellos amenizan el monótono sonido de la llave de carraca. Estoy hasta las narices de sacar tornillos.
Sartorius habla sobre las declaraciones de Corbacho y la parada de contratación de inmigrantes en origen, y el condenado tornillo se me ha caído de las manos, ponte a buscarlo que están contados, politicas de ahorro empresarial, ya le vale al Corbacho.
- Ya estamos - pienso - otra bajada de pantalones del gobierno, que bastante tiene con la que está cayendo. ¿Crisis económica o desaceleracion de soluciones solventes?. ¿Dónde se habrá metido el puñetero tornillo?
Y es que las miradas torcidas a los inmigrantes ya no son patrimonio de los fachas. Es lo que tiene la crisis. ¡Coño, el tornillo!
A lo chino chano ya llevo dos horitas currando. Viene un compañero, ¿cigarrito?, venga, un último apretón a un par de tornillos para asegurarme.
La máquina del zumo de naranja natural me sirve apenas medio vaso, que pena de máquina, y eso que la idea no está mal: un vaso de zumito, tres naranjas exprimidas por 90 cts... si las naranjas fueran buenas.3
Comento con mi amigo la historia de los inmigrantes, le cuento una conversación que tuve con el dueño de un bar que solemos frecuentar cerca del trabajo, un gallego que también había sido emigrante, de los que se fueron en los sesenta con "contrato".
- Nos están invadiendo - clamaba con la razón que le daba su propia experiencia - Si tienen que venir, que vengan con contrato, como íbamos nosotros - Mi compañero asiente
- Tiene razón -
- De eso se trata - le digo, aunque prefiero no entrar más en harina y desecho la idea de hablar sobre los miles de españoles que, no durante años, sino durante siglos, han emigrado a otras tierras sin más papeles que los del librillo de fumar que llevaban en la petaca. En vez de eso suelto lo primero que pasa por mi cabeza.
- De eso se trata, y si se paran las contrataciones se fomenta la inmigración ilegal.
- Pero es que aquí no hay trabajo - a mi amigo le gusta picarme.
- Le replico que se lo cuente a los trabajadores inmigrantes de la construcción, que son los primeros que se han ido a la puta calle. Me caliento. También le digo que no se puede negar a nadie lo que se exige para uno mismo, con o sin papeles, y que la única solución para que no vinieran es que no se tuvieran que ir a buscar un futuro en otra tierra, que si el reparto de la riqueza, pim, pam, pim, pam, ¡Tachán!, ya salió el defensor de pleitos pobres que hay en mi, me llama demagogo, yo le llamo cínico, nos subimos a currar.
Los de la SER me acompañan hasta la hora del bocadillo. Tomo un café cortado, hace ya dos años que deje los pantagruélicos almuerzos del trabajo y debo decir que mi cuerpo me lo agradece, me apetece tomar el sol.
Observo a los aviones despeguar y aterrizar por la pista del aeropuerto. Mañana tengo que coger un avión a Málaga, no puedo evitar que un escalofrío me recorra la espalda, mejor voy a volver al curro.
La voz de Rajoy es carne de humorista, pienso, mientras el líder de la oposición lidera el programa de radio hasta el mediodía, menos mal que hace tiempo que no le hago ni puto caso; entre el coro de grillos en que se ha convertido la política española cada vez cuesta más escuchar voces con sentido, y mi tiempo es oro, vausté a la mierda, oiga, y bajo el volumen de la radio. Vacío el aceite de un compresor que acabo de desmontar en un recipiente, y la densidad del dorado líquido me trae de nuevo a la cabeza, el tono deslizante, las palabras arrastradas del padrino de la niña de España, portavoz oficial de las necesidades e intereses de TODOS los españoles, y a los españoles no les interesa desenterrar conciencias que han tardado décadas en quedar dormidas, así que venga, vamos a hablar del paro, que aquí hay chicha, vuelvo a subir la radio y compruebo con satisfacción que el susodicho ya no está en antena, mierda, me manché la bata de aceite.
Rober me llama por teléfono, esta nervioso con toda esta juerga del congreso, reunión de pastores, oveja degollada, es una parida como otra cualquiera, se lo toma con humor, solo espero que su ilusión y la seriedad con que se toma su compromiso no le lleven al desencanto, como a otros, también espero que los socialistas madrileños puedan retomar un rumbo que hace tiempo esta perdido, suerte, que falta os va a hacer, termino de desmontar la bomba del compresor.
Ya son las dos, el turno de tarde está a punto de llegar, voy a terminar con lo que estoy haciendo y ya recogeré la herramienta más tarde, ahora al ordenador a rellenar las hojas de salida del trabajo. Ha llegado el compañero del turno de tarde, hola, ¿qué tal la mañana?, tranquila, lo normal. Comento algunas indicaciones mientras saco las hojas de la impresora, mi compañero se vuelve hacia mi con algo en la mano, toma, me dice, por tu cumpleaños, y me entrega una bolsa del Vips que contiene un libro de cocina española, no sé que decirle, es una sorpresa muy agradable, le doy las gracias con cierta torpeza.
Son las tres menos un minuto. No sé por qué siempre tengo la impresión de que ese último minuto de la jornada tiene una duración de ciento veinte segundos, es una excepción cronológica, una anomalía temporal, no sé, la cuestión es que se me hace eterno, a mí y al resto de compañeros que componemos la fiel comitiva del fichaje nuestro de cada día frente al reloj, anhelando expectantes que el maldito dígito pase del nueve al cero de una puñetera vez, ¡ahora!, hala, hasta mañana. ¡mierda, me he dejado la radio encendida!.

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El Día de Votación

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Amanecía el día 27 de Mayo y Él ya estaba despierto. Se duchó, se puso el uniforme no oficial de cualquier joven de su edad –vaqueros, zapatillas y camiseta-, y se fue corriendo al quiosco a comprar su diario favorito, luego se dirigió a la cafetería de su barrio, encontrándose con el cierre bajado. Miró el reloj y pensó que todavía era muy temprano. Él iba a ser interventor del partido socialista en una mesa electoral del colegio de su barrio y por eso se había levantado tan temprano. La contrariedad de encontrarse la cafetería cerrada le hizo pensar, que eso podía ser un mal presagio, pero justo antes de darse media vuelta vio que por dentro Juan, el camarero, empezaba a subir el cierre. Una vez desayunado y andando hacía el colegio recordó las normas y reglamentos de los primeros momentos de constitución de la mesa electoral. “A ver… primero preguntó por el presidente, luego le enseño mi credencial…. Espero que los vocales y el presidente sean majos…“ no le dio tiempo a pensar mucho más, porque a poco de entrar en el colegio y dirigirse a la mesa ya había por lo menos 8 personas en corro al lado de dos urnas vacías.

- Buenos días. ¿El presidente?- En un alarde de reflejos y observación del género de la mayoría de las personas que formaban el coro, en una décima de segundos Él añadió.

- ¿o presidenta?

- No ha llegado todavía. Yo soy la segunda suplente.

- Ahh.. bueno, pues esperaremos…

La segunda suplente era una muchacha joven y bien vestida. Parece que la idea de que al final se tuviera que quedar durante todo el día, había pasado de una posibilidad remota a una realidad a golpe de segundo. Ya pasaban diez minutos de las ocho, a Él ya le había dado tiempo de presentase a los interventores de Izquierda Unida y el Partido Popular, cuando un representante de la junta electoral se acerca al grupo y pregunta por el presidente. Le decimos que todavía no ha llegado, vuelve a preguntar por el primer suplente, y obtiene la misma respuesta. La siguiente pregunta del representante tiene a la muchacha, que había conocido hace diez minutos, como respuesta. Luego preguntó dos veces más, y ya no tuvo que hacer más preguntas. Sólo afirmó:

- La mesa queda constituida con ustedes tres. El resto de suplentes se pueden marchar.

Luego la pregunta que hacen las vocales y la presidenta con todo su cuerpo es: ¿Y ahora que?.

Él y el resto de interventores se presentan en forma de aluvión a los componentes de la mesa, y sin tiempo para más les indican que lo primero que hay que hacer es abrir una caja de cartón con etiquetas fosforescentes que se encuentra al lado de las urnas.

Él tenía la impresión que esa caja, repleta de papeles y formularios, era el mayor temor de las vocales y presidenta de la mesa, pero ellas, resueltas la abren y muestran el contenido, afortunadamente las chicas son muy inteligentes y se hacen con el control enseguida. Rellenan el acta de constitución y nos dan una copia a cada uno de los interventores. Como en los formulario hay que poner los nombres de todos los que estamos, Él se entera que la presidenta se llama Alejandra pero todo el mundo la llama Sandra y que las vocales se llaman Mari Carmen e Isabel, los interventores se llaman Félix de IU y Pablo del PP. Él intenta observar si alguno de los presentes muestra algún signo de hostilidad o animadversión que pueda ser un mal presagio para el resto del día. Pero conforme va pasando el tiempo baja gradualmente la guardia porque todo el mundo se trata con cordialidad y respeto. Incluso entre los interventores, parece que gana el sentimiento que hay entre colegas de profesión que el que pueda existir entre adversarios. Para las nueve entran las primeras personas para votar y a las nueve y media Él ya se da cuenta que la participación va a ser más baja que las anteriores. La frecuencia con las que se acercan a la mesa es cansina y a veces Él duda que se llegue al cincuenta por ciento, sobre todo si llega a llover por la tarde. Pero, siempre hay algo de que hablar en la mesa electoral, Sandra cuenta que está apunto de casarse y ésta va a ser la última vez que vote en Torrejón, Mari Carmen protesta porque no sabe a quién reclamar las cinco horas de descanso para el día siguiente, que son las que le corresponden a cualquier vocal asalariado por cuenta ajena, porque ella es ama de casa y sus niños y su marido no le van a poner fácil la concesión del permiso, e Isabel la otra vocal, que es técnico de laboratorio está esperando a que la llamen para las vacaciones para hacer sustituciones en un hospital. Para Él siempre es motivo de satisfacción el ver como el azar junta a un puñado de personas y las hace protagonistas de un buen día, un día en el que se deciden cosas, cosas importantes, pero por encima de todo, están las personas, su capacidad de empatizar y de, simplemente, llevarse bien para realizar un trabajo.

El día de la votación es el día en el que ciudadanos con preocupaciones, eligen ideas al servicio de las personas. Ciudadanos dentro de un sistema, que ayudan a mejorarlo y aportan su grano de arena. Esto exige un pequeño esfuerzo, pero un esfuerzo que no es tan grande como el que exigió a mucha gente, no hace tanto tiempo, para que tuviéramos el derecho a votar. Reconocer los retos parece que fue más fácil hace 70 años, pero esos retos exigían un esfuerzo muy alto, ahora lo complicado es ver los retos, aunque el esfuerzo es menor, o a lo mejor, se ve que ahora es un esfuerzo demasiado alto el estar informado en un periodo de paz a coger un fúsil en un periodo de guerra.

Para Él el momento más emocionante de la votación fue cuando un anciano, haciendo un gran esfuerzo al andar y que, por el aspecto de sus gafas y sus ojos no debía de ver muy bien, se presenta delante de la mesa, con el carnet en una mano y un bastón en la otra preguntando si era ahí donde tenía que votar. La presidenta le mira el carnet y la vocal dice que efectivamente es en esa mesa es donde tiene que votar, pero que tiene que coger el voto y le indica el lugar donde están las papeletas y los sobres de votación. La labor de elegir una de las papeletas a todas luces era demasiado para ese anciano, y Él se ofrece para cantarle las candidaturas.

- Venga usted aquí. Que yo se las canto y sólo tiene que decirme cual es la que quiere, que yo se las pongo en el sobre.- dijo Él- ¿le parece bien?

- Si… hijo la que usted me diga me parecerá bien.

- Yo no puedo hacer eso señor. – En ese momento Él se dio cuenta del lío en el que estaba .

- Bueno, pues dígamelas.

- Verá. Empiezo por orden de colocación. Partido Socialista Obrero Español, Izquierda Unida, Partido Popular..,- En ese punto Él se dio cuenta que le quedaban por lo menos 15 candidaturas para cantar – y dudaba si el poder de retentiva del anciano iba a aguantar- aunque el anciano le interrumpió.

- El Partido Socialista está bien.

Él casi hubiera preferido que hubiese sido otro, no obstante el proceso de elección se realizó en voz deliberadamente alta y a escasos 2 metros de la mesa y bajo la atenta mirada de sus integrantes.

A Él sólo se le ocurrió decir a sus compañeras de la mesa:

- Vaya marrón.

Él pensó en toda la gente que no hace ni la décima parte del esfuerzo de ese anciano para votar, y que si le volvía a pasar algo parecido no juzgaría la facultad de nadie como suficiente para el lo pudiera ayudar sólo.

El que no vota, no sólo no aporta, si no que hace más tediosa la labor de las vocales, presidenta e interventores de la mesa, todos reconocen que cuanta más gente venga más rápido se pasa el tiempo. Para hacer más amena la estancia, la mesa de Él concurría con la otra mesa de la sala, en el concurso de saber cual de las dos iba teniendo más votos. Al final ganó la mesa de Él, pero eso lo descubrió después del recuento y de saber que el concurso más importante del día lo había perdido.

El recuento se hizo limpio y con la colaboración de todos los miembros de la mesa, el PSOE sacó más de 80 votos al PP y tuvimos un 70% de participación, pero las malas noticias llegaron pronto. En el recuento de todo el municipio el PSOE tuvo 12 concejales, IU uno a falta de 66 papeletas para el llegar al segundo concejal y el PP 14, con sólo el 62,8 por ciento de participación. Y para colmo, los resultados en la comunidad fueron peor.

Cuando todo estuvo listo y recogido Él se despidió de sus compañeras del día agradeciendo sinceramente el trabajo tan excelente que habían realizado. Felicitó a Pablo y le deseo suerte en el futuro.

Él y el resto de compañeros del PSOE se fueron a la agrupación a asumir el nuevo estado que los ciudadanos les habían otorgado en el ayuntamiento y la comunidad, la oposición.


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El Día de Reflexión.

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Para Él el día de reflexión de unas elecciones era como una parada forzosa dentro de la vorágine de un gran premio de fórmula uno. Tu cuerpo y sentidos están inmersos en ritmo febril, 15 días de campaña con todas las tardes y muchas noches ocupadas, y un día antes de saber si el esfuerzo colectivo de la agrupación ha merecido a pena, te obligan a parar en boxes. Él no pensaba que este día fuera inútil, sólo es que reconocía que no le sentaba nada bien para su cuerpo de casi hombre o casi muchacho.

Ese sábado Él se dirigió al quiosco para comprar su diario favorito y pasar un par de horas sumergido entre letras en la cafetería de su barrio. Pero en el quiosco vio algo que le puso furioso, como ya había pasado en el día de reflexión del 13 de marzo del 2004, los tres grandes diarios de derechas tenían titulares contra el PSOE. Era lo que parecía, el resultado de una conspiración de medios de comunicación para asaltar el poder, para restablecer el pensamiento único y para mantener a la sociedad dócil y complaciente a los deseos de los más poderosos. A Él sólo le quedaba la resignación y la confianza en los ciudadanos para superar esta época de crispación y que la confianza en la democracia, una a la sociedad de nuevo.

El “día de reflexión” era un día de reunión con los compañeros de la agrupación y contarse las anécdotas de las últimas horas de campaña.

- ¿Qué tal anoche? –Preguntó Él a su secretario de ORGANIZACIÓN.

- Bien, pero parece mentira que en el 2007 todavía estemos así entre militantes de partidos políticos.

- Sí, nosotros hemos tenido que reponer, al filo de las doce, por lo memos tres veces nuestros paneles. Incluso cuando se les habían acabado los carteles, no han parado, simplemente nos los han arrancado dejándolos en el suelo.

- Ya, es lamentable. He intentado muchas veces pactar la pegada, con los demás secretarios de organización de los otros partidos de una manera civilizada, pero es imposible. Hay demasiada desconfianza.

Afortunadamente no había que lamentar más incidentes. Los cubos y escobas que nos habían acompañado durante 15 días y que ya sufrían las heridas de una campaña frenética habían acabado en su retiro dorado, en el depósito de reciclaje. A los compañeros de la agrupación ya sólo les quedaba lo más fácil, esperar unas pocas horas, pero a veces, eso mismo, parecía lo más difícil.


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¿Quiere el programa electoral del Partido Socialista?

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-¿Quiere el programa electoral del Partido Socialista?- Para que pueda votar con información el 27 de Mayo.- Dijo el casi muchacho o casi hombre. Esta vez se lo decía a una joven y como la había visto acercarse, Él ya sabía que se lo iba a coger. No se equivocaba y la muchacha le correspondió con una sana y amplia sonrisa.

En la Agrupación Socialista de la ciudad llevaba más de 7 días de campañas, y todos los días se habían sacado las mesas electorales en diversos puntos de la ciudad. Para Él lo más alucinante era que cada persona que se encontraba, reaccionaba de manera diferente.

Algunas personas que se sorprendían porque la primavera se les había manifestado espontáneamente delante de sus ojos con forma de elecciones municipales y un afiliado socialista con panfletos en la mano. Y decían:

- Cómo se notan que son las elecciones. Sólo se os ve ahora.
- No señora, llevamos más de 8 meses desde que estamos recogiendo propuestas de los vecinos para hacer el programa electoral.- protestaba Él de manera desenfadada.

A Él le gustaba hablar con la gente, y como la mayoría de las personas con las que se encontraba era gente amable con la que se podía charlar, y Él aprovechaba la ocasión para responder las preguntas que le hacían, aunque en algunos casos Él no sabía responder y tenía que mirar alrededor, porque siempre había algún concejal o incluso la Alcaldesa para atender "a lo que haga falta" como decía Trini.

- Yo os voy a votar a vosotros. Os podéis ahorrar el programa para otro.- Les decían algunos paseantes. Pero a Él le gustaba que se lo llevaran.

- No, por favor, llévese el programa, aunque sea para abrirlo dentro de 4 años y mirar que todo lo que se ha prometió en este programa esta hecho. Les decía con orgullo el casi muchacho o casi hombre.

También había gente que decía simplemente que "No" a la pregunta de que si quería el programa electoral. Pero eso a Él le parecía normal, eso es que diría él si el ofrecimiento fuera del PP.

Pero a Él no le gustaba y le ponía triste encontrarse a personas que que le decían:

- No, yo no creo en la política. Todos los políticos son iguales. Lo primero que hacen cuando llegan al cargo es subirse el sueldo.

A Él le parecían palabras irresponsables. La política es la única herramienta que conocen los humanos para convivir en PAZ. Que haya gente que crea que la democracia pueda estar en peligro a Él le parece respetable como opinión, pero que lo único que se les ocurra para evitarlo es no votar, es de lo más irresponsable.

- Pero, señor.-Decía Él- Si usted pasa delante de un coche que acaba de tener un accidente. ¿Usted se para? o dicho de otra manera, ¿Le gustaría que hubiera gente que se parará PARA AYUDARLE si el accidente lo tuviera usted?.
- Si... claro.
- Pues esto es lo mismo. Malos políticos y malas políticas producen mucho dolor y muchas tragedias, y si usted se ha dado cuentan de eso, no puedo creer que se quede al margen, mientras se produce el accidente. ¿No cree?.
- Sí pero que puedo hacer, si soy yo sólo. Tener razón y no convencer a nadie es como no tener nada.
- Esa es precisamente la grandeza de la democracia. Tener que convencer para ganar. Al Partido Socialista le costo 103 años llegar a gobernar con mayoría absoluta en España, pero usted lo tiene más fácil. Incluso, se puede afiliar al partido que más cerca este de sus posiciones e influir a su alrededor para hacer un mundo mejor. Pero POR FAVOR, NO SE QUEDE EN CASA, Y VOTE porque su VOTO PUEDE.

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Él era casi un muchacho o casi un hombre

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Él era casi un muchacho o casi un hombre, de pelo moreno y ojos claros. Él, para las mujeres de la agrupación socialista de la ciudad, tenía cara de bueno y ojos inteligentes. Para los hombres, le faltaban un par de años de trabajo para compararse con ellos. Pero nada hacía pensar lo iba a suceder con Él ese día. Quedaban 7 días para el fin de la campaña electoral y los afiliados socialistas se apiñaban en el salón de actos de la agrupación, para recibir las consignas de la pegada de carteles de esa noche. El secretario de ORGANIZACIÓN, como siempre, repetía lo que parecía lógico para muchos, pero no por ello, no fuera necesario repetir en todas las salidas:

- "Vosotros colocaréis banderolas mientras nosotros pegaremos carteles por toda la ciudad"- decía el secretario de organización con el oficio que daba la experiencia de más de veinticinco años de elecciones y luego siempre repetía:
- "Bueno, como sabéis, tenemos que respetar los carteles de los demás, ehh¡. Una guerra con contra todos no beneficia a nadie. Y ceñiros, por favor, a la zona asignada. Ánimo compañeros".


Esa noche se conocían los datos de la última encuesta que había hecho público el CIS. No eran favorables y los ánimos se encontraban conmocionados por esa contrariedad. Eran unas elecciones muy especiales porque en la agrupación entera había realizado un esfuerzo muy generoso para llevar a las listas, en puestos de salida, a los compañeros jóvenes y mayores, que más habían trabajado durante los últimos cuatro años. El resultado final ha sido el más arriesgado de los últimos tiempos, en las lista se integraba a gente joven con los mayores de la agrupación. Si bien, había sectores que pensaban que la lista era demasiada arriesgada por los jóvenes que había, otros sin embargo, opinaban que lo arriesgado era dejar a algunos "dinosaurios". Aunque, todo el mundo estaba de acuerdo en que era una lista ganadora.

Como he dicho antes, esa noche era palpable el desaliento, y eso lo notaba hasta el casi muchacho o casi hombre. Inesperadamente, cuando el secretario de organización estaba apunto de acabar, Él se subió encima de una silla.

-¡Compañeros!- Gritó Él nervioso, a media voz. Inmediatamente un murmullo hizo casi inaudible el siguiente: - ¡Compañeros, compañeros!-. A fin se hizo en sala un nivel sonoro audible para que Él pudiera continuar.

- Sabéis que las encuestas nos dan perdedores en comunidad y muy justos en La Ciudad. ¿Verdad? Yo sólo quería decir..... Tenemos que ganar. Es muy importante.
- Pero a veces se gana y a veces se pierde, son las reglas del juego, muchacho. Eso lo aprenderás cuando seas un hombre- Interrumpió un mayor, de manera paternal- Lo que más le dolió a Él, no fueron las palabras, sino la actitud con las de decían estas.

Pero eso a Él le dio fuerzas para continuar con más ganas.

- Déjame seguir. Compañeros, tenemos que dar todo en estas elecciones, si gana la derecha nada va a ser igual que antes. El discurso de la derecha es la los NEOCON americanos y eso es un retroceso en el modelo de sociedad que tanto nos ha costado tener. Enmascaran el reconocimiento de privilegios y los llaman "libertades". Quieren la libertad de llevar a sus hijos a colegios privados y concertados con dinero público. Y yo me pregunto ¿Por qué? ¿qué es lo que van a encontrar en los colegios privados que no encuentran en los públicos?.... Que lo digan, y sabremos que es lo que tenemos que poner en los colegios públicos para hacerlos mejor.....
La gente se quedó en silencio. Él continuó.
- La derecha quiere acabar con el arma más grande que tiene la raza humana, la está vendiendo a consejos de administración, a juntas de accionistas sólo por mucho dinero. Esa arma tan golosal es la SOLIDARIDAD. Si perdemos la educación y la sanidad públicas acabamos con la igualdad y esa es una libertad más grande que cualquier privilegio. Y lo que no explica la derecha es que va hacer con las diferencias de clases que va ha provocar el privatizar los aspectos más importantes del desarrollo del los hombres. Que hará cuando en las ciudades haya "getos" de los más desafortunados. A la gente más pobre le costará 100 veces más salir adelante con sus vidas que a la gente rica. Y sin cultura ni educación, ¿cómo se rebelará esa gente para exigir igualdad?. A la derecha se le llena la boca para decir que, contra los problemas que dan los no se atengan a sus normas, lo resolverán con seguridad. Para la derecha la seguridad es sólo más policía porque para ellos, la policía es la que mejor educa.

- Sí,sí.. como en Irak. -Dijo Rafael- hicieron una guerra preventiva para gastar arsenales caducados y ganar "petrodolares" con la escusa de las armas esas, y ahora, que se ha demostrado que no las había, se justifican que no se pueden ir, porque es un nido de terroristas.¡¡Malditos!!. ¡No hay día que no haya menos de veinte muertos, muertos que antes no había!.- Rafael es el afiliado más antiguo de la agrupación y ha vivido mucho, sabe lo que es luchar y ver morir a dos hermanos por una democracia como la que tenemos ahora.
- Pues eso digo yo -Continuo Él - Quién se acordará entonces, cuando haya guetos y la gente tenga miedo, que el mal lo incubaron ellos cuando restringieron la igualdad en la educación. Por eso Compañeros, ya se ya estáis haciendo mucho. Pero hay que hacer más. Hay que convencer a todos nuestros amigos, hablar con nuestros vecinos y hasta con los desconocidos. Yo por mi parte y muchos de vosotros vamos a trabajar hasta el último aliento, porque hay que hacerlo por nosotros y por los que vengan detrás. Que los que vengan detrás no luchen siempre contra las mismas guerras eternas. ¡¡¡Por la Igualdad y la Solidaridad!!!
- ¡¡¡Por la Igualdad y la Solidaridad!!!- Gritaron todos a coro.
Esa noche amaneció La Ciudad coloreada de Rojo intenso. El color de la pasión que hace que no puedas escapar, sin pasar por ésta vida, y dejar de dar lo mejor de ti mismo a tu alrededor. Un color que hizo darse cuenta a la gente de lo que es importante en la vida.

Para Él esa noche fue muy emocionante , pero sería la primera de muchas...

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