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Dos visiones de la influencia de Internet en nuestro pensamiento critico

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Yo era un geek convencido de que no hay había una herramienta más democratizadora que un dispositivo conectado a Internet al alcance de un ciudadano. Ya no lo estoy tanto. Los artículos que siguen me parecen perfectos para ilustrar el tránsito que ha derivado de una posición a otra.

Al final de la historia quedará una sola verdad con una sola tecla bajo el impulso de un solo dedo. Esa verdad nos hará libres. Enter.
Eso mismo que en este momento estás pensando o deseando, lo piensan y desean a la vez millones de personas. Las neuronas generan pensamientos y deseos comunes, pero ignoran la identidad del ser concreto para el que trabajan. No saben si debajo de su función hay una víctima o un verdugo, si está Sean Penn o Scarlett Johansson. Tus neuronas no te reconocen, aunque te creas un gallo con polainas. Fleming, Einstein o madame Curie tenían sueños muy parecidos a los de un conserje o una cajera de supermercado, lo mismo que los maoríes de la selva australiana y los más altos ejecutivos de Manhattan vislumbran también idénticas imágenes oníricas. Pero hoy los pensamientos y deseos pueden extraerse del cerebro de cada individuo y ser enviados al espacio con solo apretar una tecla del ordenador. Tal vez el inconsciente colectivo de Jung o las ideas sintéticas a priori que, según Platón, flotan en las esferas como arquetipos no eran otra cosa que el Internet. Esos pensamientos y sueños comunes forman nubes compactas en suspensión que pueden ser descargadas de nuevo como una lluvia sobre otros cerebros apretando otra tecla. Quien sepa manipularla tendrá todo el poder de este mundo. Ganará elecciones, llenará plazas y estadios, obligará a vestir, comer, bailar, gritar, aplaudir a todo el rebaño de la misma forma. El techo de cualquier chabola de la Africa más pobre está coronado con una parabólica, como una boca abierta a las estrellas, que se traga entero un lejano paraíso lleno de pasteles, fiestas, sexos, ingenios, locuras, placeres producidos en este planeta. Allí las descargas digitales han terminado con la magia de los ídolos y con la estructura social de las tribus. Han unificado los sueños del joven de Sierra Leona con los de un jubilado de Hamburgo. Si a un adolescente musulmán a la hora de soñar se le diera a escoger entre el libro del Corán y el último modelo de iPhone, conectado con la humanidad, su elección podría descifrar el futuro de esa convulsión del pueblo árabe que avanza ahora a ciegas todavía. Pensamos, deseamos y soñamos lo mismo. Pronto lo sobremos todo de todos. Al final de la historia quedará una sola verdad con una sola tecla bajo el impulso de un solo dedo. Esa verdad nos hará libres. Enter.

Enter de Manuel Vicent, 2011
Pero contar todo esto sigue siendo un problema audiovisual en el país de los ciegos rodeados de pantallas.
Los medios son incapaces de situar al ciudadano ante las complejidades del tiempo en que vivimos. La cultura del titular y el picadito de noticias carece de recursos para que se visualice la doctrina dominante. Los servicios sanitarios llevan tiempo alertando contra la precarización de su labor y el deseo de comerciar con sus recursos. La palabra privatización, en dura pugna con el eufemismo externalización, no cala con significado en el ciudadano, que está convencido de que las protestas responden a la salvaguarda de sus privilegios profesionales de funcionariado. No es capaz de relacionar la inseguridad sanitaria a la que se precipita con el negocio más desacomplejado de las clases dominantes. Ese esfuerzo fallido deriva en la indiferencia de los ciudadanos. En los relatos autobiográficos de Thomas Bernhard, reunidos en España en un solo volumen, recupera la infancia y juventud marcada por las instituciones escolares y los largos tratamientos de la enfermedad pulmonar. Su perspectiva sigue siendo válida hoy día, especialmente cuando reflexiona sobre las diferencias entre pacientes de pago y pacientes pobres: “Tenemos que insistir en que sean abolidas las clases en los hospitales, porque la persistencia de ese clasismo entre pacientes provoca una situación indigna para el ser humano y la mayor perversión de nuestro sistema político-social”. Es la inclusión del concepto político lo que convierte la frase en rabiosamente actual. Ha trascendido que un consejero del Gobierno de Cospedal logró que su mujer se saltara las listas de espera para ser intervenida en un centro público. La falta de rigor se quiere solo ofensiva para quienes nutrían la lista de espera, cada día más inhumana, sin que los políticos encuentren solución distinta a la venta de los hospitales. La solvencia sanitaria, su transparencia, afecta a todos. La salud es el escalón definitivo para la desigualdad clasista. El constante aterrizaje de los políticos más ponzoñosos en las empresas que se apoderan de nuestro sistema de salud delata un interés acelerado y perturbador. La ascensión por ley de la seguridad privada al rango de acción policial, ofrece también la perspectiva de una protección para ricos y otra para pobres que no pueden pagársela. Pero contar todo esto sigue siendo un problema audiovisual en el país de los ciegos rodeados de pantallas.

Impacientes de David Trueba, 2013

Muchos nubarrones se ciernen sobre la libertad de expresión de los ciudadanos, su privacidad y, sobre todo, la neutralidad de la red. Quizás, el que empecemos a vislumbrar esos nubarrones es el comienzo para conseguir que "Al final de la historia quedará una sola verdad con una sola tecla bajo el impulso de un solo dedo. Esa verdad nos hará libres."

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El desencanto

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Para sufrir un desencanto, primero se tiene que haber estado encantado. No sé si será el término más apropiado, pero el desánimo y el hartazgo de los dogmas democráticos que sufren los ciudadanos se parece mucho al desencanto.

Qué ideal puede sobrevivir a la tragedia de no poder dar nada más que una comida al día a los propios hijos (noticia vista en el telediario de hoy mismo). Cuántos años se ha de estar en situación de desempleo para no echar la culpa al sistema de su desgracia. Un "Sistema" implacable con los ciudadanos y que solo tiene al equilibrio de unos balances económicos como fin y unico objetivo de su misión de existir, en apariencia.

La alternativa a la democracia es el Totalitarismo pero las penalidades hacen muy fácil pensar que cualquier otra cosa sería mejor que esto. Lo fácil es decir: la democracia en su momento más débil; las instituciones están desautorizadas por "el pueblo" en plena transición de un mundo que "muere" y de otro que nace, pero que no se sabe cómo va a ser (sic)... podría estar diciendo lugares comunes (sandeces la mayoría) hasta que me cansara, pero creo que es más constructivo fijar las bases de algunos conceptos que, por muy bien que nos fuera economicamente o muy mal nos vaya ahora, nunca debimos de olvidar.

1.- El primer artículo del Título Preliminar de nuestra Constitución dice así:

1.2. La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado

2.- La individualidad del ciudadano que vive en sociedad es relativa. Seamos republicanos o no, el Rey nos representa. Pasa lo mismo con los partidos, los políticos son nuestros representantes por más que digan los indignados "que no nos representan". Los sindicatos podrán ser unos "vendidos" como dicen muchos, pero representan a los trabajadores; puede que no nos guste, pero es así.

3.- La democracia no busca la solución óptima para cada problema, busca la solución que más apoyos tenga dentro de la ciudadanía. Eso es muy bueno para hacer estable un sistema, pero tiene el "peligro" de que los ciudadanos siempre tienen que estar alerta para perticipar, mejorar la democracia e impedir ser víctimas de populismos, fanatismos y manipuladores.

¿Lo quieres cambiar? pues preséntate a unas elecciones, convence, gana y cámbialo. ¿Mucho curro? Bienvenido al mundo donde las cosas cuestan. Cuesta tiempo, cuesta dinero y cuesta salud. En democracia, los atajos siempre son de doble sentido; lo mismo valen para los "buenos" que para los "malos".

¿Compensa? Yo creo que sí, pero justificarlo da para un post o quizás dos. ;)



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Dos visiones sobre el 15M (parte II): Un movimiento necesario con mucho "peros"

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FOTO: Vicent González
Por Robert:

Las concentraciones del 15M (15 de mayo) son un movimiento necesario para muchas cosas, quizás no para conseguir la mayoría de sus pretensiones, pero sí para reconciliar algo que nunca se tuvo que enemistar, puesto que en realidad son uno; la política y los ciudadanos.

Siento una profunda simpatía por la concentración de personas que exigen un futuro mejor e intento también darme el beneficio de la duda respecto al modo en que lo tratan de conseguir. Mis dudas surgen porque históricamente, los movimientos asamblearios son muy propensos a desestabilizarse en un periodo corto de tiempo puesto que cualquier desencuentro impide avanzar en las decisiones. Además, este movimiento incurre muchas veces en unas peticiones muy poco reflexionadas, y aunque considero muy beneficioso que haya debates sobre la estructura de la democracia, también considero que yerran el tiro cuando se centran en algunas reivindicaciónes muy populistas pero muy poco prácticas, como pueden ser; un sistema electoral que no tenga en cuenta la extensión del territorio, las listas abiertas o la supresión del senado. Es cierto que hay otras propuestas que si me gustan, como la limitación de los mandatos de los políticos, más independencia de la política de los poderes económicos, aprovechamiento ciudadano de los pisos sin vender e inmovilizados de las constructuras en quiebra  o la defensa de los servicios públicos.


Los partidos tienen que escucharlos en vez de echarlos de la plaza una y otra vez,  tener un debate sin miedo con ellos, ser sensibles a sus reclamaciones, convencerles en los asuntos en los que no sea posible conseguir y hacerlo públicamente y con didáctica.


El PSOE está atento a todas estas movilizaciones porque muchas de sus reclamaciones podrían o están en su programa electoral: Tomás Gómez ya propuso hace tres meses “un impuesto a la banca”, y como decía Zapatero en su cierre de campaña: “la movilizaciones nos comprometen”; no han sido mandatarios del PSOE los que pidieron y piden el desalojo de las plazas de Sol en Madrid o de Catalunya en Barcelona, y estacomportamiento resulta paradójico, puesto que PSOE no encuentra la manera de conectar con el Movimiento 15M, quizás porque una de las primeras reclamaciones del movimiento del 15M era contra el bipartidismo de PP y PSOE, y hay que recordar que actualmente el PSOE lleva casi 8 años en el Gobierno de España que no tiene la mayoría absoluta en el congreso ni en el Senado y que ha legislado con la concurrencia necesaria de  cinco partidos políticos ( ER,PP, IU, PNV, CIU,CC).

En definitiva, un movimiento con reivindicaciones de izquierdas que de momento, ha atomizado su voto y con ello su capacidad para frenar a la derecha, puesto que el PP ha triunfado como nunca en las últimas elecciones, incluso con un nivel aceptable de participación. Por todo esto, no tengo grandes espectativas respecto a la capacidad de cambio de las movilizaciones, o quizás según se mire, quizás albergue la mayor de todas: un redescubrimiento de la política por parte de un sector de la ciudadanía que se encontraba apartada de ella.

La visión de Raguenó la puesdes encontrar aquí:

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Dos visiones sobre el 15M (parte I): Votantes, consumidores y conciencia política

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FOTO: Vicent González
Por Raguenó:


- Pues yo he votado al PP, porque los otros son igual de ladrones o más...

Esta frase (o algo muy parecido) la he escuchado ya varias veces desde el último 22 de Mayo.
Quienes la pronuncian son gente muy normal, ciudadanos de a pie, trabajadores y trabajadoras que sufren las consecuencias de la coyuntura actual y de la gestión de la misma. ¿Desencanto? ¿Indignación? ¿Falta de alternativas electorales?. En realidad la canción no es nueva, tan solo la justificación de una absoluta falta de conciencia política, alimentada y promovida desde el poder bajo el paradigma del modelo democrático americano que representa como nada lo que es una democracia perfecta, moderna y realista. Un sistema en el que el conjunto de consumidores recupera su faceta de ciudadanos un día cada cuatro años, para poner en el poder a "este" o a "este", Obama o McCain, Zapatero o Rajoy.
Fuera del análisis político, quedan los poderes económicos, religiosos y empresariales, esos que financian las campañas electorales de los grandes partidos y que dirigen luego los pasos de los gobiernos, pues son los que realmente controlan el día a día de un país, y, qué coño, los más interesados en que el modelo democrático liberal (entiéndase en un contexto de liberalismo económico) siga siendo el referente de los países desarrollados.
A ellos les viene de coña. Si el gobierno saliente de las urnas es conservador, cojonudo, menos problemas; si el gobierno es progresista, tienen las herramientas para neutralizar los componentes que se consideran más subversivos, orientando las políticas institucionales hacia sus propios intereses
¿Se puede crear empleo en el marco actual desde posiciones de izquierdas?
Creo que la pregunta tiene trampa. Desde mi punto de vista sería más correcto preguntar ¿Se puede crear empleo en el marco actual desde posiciones de izquierdas sin tocarle los cojones a los que realmente mueven los hilos de la política global? Pues no, los resultados están a la vista: casi cinco millones de parados. Ellos son los dueños de los medios de producción y si quieren, con cerrar el grifo, lo tienen solucionado, ellos tienen resto para soportar de manera desahogada la duración de la crisis, sino para hacerse aún más ricos con ella gracias al miedo que invade a la población activa de un país en dicho periodo . Contrasta este comportamiento, ya no irresponsable sino indecente, con la actitud que se le exige al ciudadano, tranquilidad, sacrificio y paz social, no sea que todavía nos den más collejas. Y ahí es donde el paradigma antes mencionado, donde los ciudadanos, perfectamente amoldados a su concepción de meros espectadores, jueces de barra de bar, y verdugos del malo de turno en favor del advenimiento del salvador, cobra todo su sentido, y si uno es un sinvergüenza, votamos a otro sin pararnos a pensar en la factura que nos va a pasar porque es aún más sinvergüenza, pero eso sí es "nuestro sinvergüenza", y si las cosas van mal, con votar de nuevo al sinvergüenza primero dentro de cuatro años ya está arreglado, eso en el caso de que el segundo sinvergüenza se deje quitar de enmedio, lo cual es muy dudoso.
El gobierno actual reconoce que ha perdido el apoyo de la masa social. Pero ¿acaso en un marco de beligerancia brutal, donde lo que se está produciendo es un ataque directo y sin cortapisas a los que ha sido el modelo europeo social de los últimos cincuenta años, se puede pedir contención desde el partido que representó las esperanzas e ilusiones salidas de las urnas hace casi cuatro años y esperar que se ponga la otra mejilla en aras de la responsabilidad institucional y el buen funcionamiento de la economía y los mercados?.
El movimiento 15M no es más que la reacción social a la falta de referentes políticos; no solo es desencanto o indignación, es mucho más, es un grito de impotencia, en una reacción a los que quieren entender la política desde un punto de vista profesional (más como una carrera personal que como un servicio público), y sobre todo, y lo que a mí más me gusta y en lo que más tengo ilusión, por encima de reivindicaciones más o menos realistas (aconsejo a todo aquel que se piense que es una paja mental de cuatro gatos que no saben lo que tienen entre manos, que se lean las propuestas aportadas por el movimiento, a lo mejor se sorprenden ), es la recuperación del concepto de ciudadano/político, implicado en el día a día de su barrio, distrito, ciudad, país. El verdadero enemigo de este espectro democrático, al que los grandes poderes y sus acólitos deben temer, una sociedad politizada y militante.








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Avances en políticas Sociales entre el 2004-2011

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Hoy he visto esta presentación en el blog de Ana Aldea.









Tengo claro las medidas económicas que tomaría un gobierno de derechas para atajar los problemas económicos de este país y de quién sufriría las consecuencias: los más pobres, los que tienen menos capacidad de reacción. Medidas de derechas que ahondarían más las diferencias sociales de España.



Quizás lo que yo piense y tenga claro, no sea suficiente para convencer a una población cada vez más escéptica en la política, así que ahí van otras razones más tangibles.



Concierto internacional.



España como país moderno y occidental que es, y así nos place vernos a la mayoría -creo que a todos nos gusta disfrutar sino el mismo día, a muy pocos días de su lanzamiento mundial el último cachivache electrónico, coche, película, o avance occidental, sea índole consumista o no, también nos gusta ver que nuestro país está en los foros (G-20, UE etc.) donde se toman decisiones por muy malas que nos parezcan. Pues bien, eso sucede porque estamos dentro de un concierto internacional económico en el que, por mucho que nos fastidie, tenemos deberes y privilegios. Los privilegios son los que ya conocemos; la mayoría superficiales en apariencia pero que en el fondo nos dan tranquilidad contra el frío que se siente cuando uno está solo y fuera de este concierto (Venezuela, Bolivia, Cuba,... por poner ejemplos de países disidentes). Los deberes son siempre duros; cumplir con los contratos mercantiles que adquirimos y tener una buena puntuación cuando se valora la confiabilidad de nuestra economía para que nos fíen para seguir expandiéndonos; esa "triple A" que nos dan o no, empresas de valoración extranjeras tan inútiles para prevenir la crisis mundiales como eficientes para diagnosticar los problemas de los países que, ni por asomo, forman parte de su capitalización bursátil. Todo esto y muchas más cosas que no son tan evidentes: como riesgos militares, cobertura contra tragedias naturales,etc., nos hace mirar mucho más por el equilibrio económico que por el equilibro social.



Paradoja Ideológica.



Pues aquí va el primer dilema, ¿de verdad la sociedad española quiere estar en este concierto económico mundial?. La respuesta es simple y no me hace falta un referéndum, lo vivo cada primero de mayo, cada convocatoria de manifestación contra la privatización de la sanidad pública o la educación pública, etc.. Sí, queremos.

Puesto que si NO fuera así, participaríamos con los mecanismos que nos otorgamos los españoles para decidir o influir nuestro destino -y las elecciones no son ni mucho menos el único medio- y tampoco proponemos otros mecanismos nuevos (a ser posible pacíficos, por favor) para solucionar nuestros problemas, pues así resulta que: "tenemos lo que tenemos". Y eso es "de facto" es un sistema parlamentario no bipartidista, (puesto que ya se encargan de engrasar las decisiones de los dos grandes, los partidos pequeños y nacionalistas cuando el PP o el PSOE no obtienen mayorías absolutas) que hace confrontar dos ideologías que parecen abocadas, en apariencia, a tomar las mismas medidas para mantener el equilibrio presupuestario en vez de pensar en el equilibrio social. Pues ese punto precisamente es el que justifica la presentación y el vídeo anterior. No somos Iguales, el gobierno intenta minimizar los daños configurando equilibrios entre su ideología y loas herramientas de que dispone y creo que no se puede tirar todo este trabajo por tierra en políticas sociales porque al final se hayan tomado una serie de medidas a las que obligan las circunstancias, y cuando no hay reacción de la ciudadanía que contraponga la presión de los mercados para tomarlas. Esa es mi opinión, pero estoy seguro que me dejo muchos matices por el camino. ¡Debatamos!





24-02-11. Zapatero en Pleno monográfico sobre Políticas Sociales


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Tribulaciones de un ciudadano en democracia.

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Aquí os dejo este diagrama de flujo. Seguro que se puede eliminar y añadir muchas cosas,  es más creo que cada persona tiene una visión al respecto y que también es muy posible que no coincida con esta.  Os invito a hacer modificaciones y/o si me hacéis llegar vuestro propio diagrama, me comprometo a publicarlo y comentarlo.

Link en el editor (flowchart.com) con este esquema.




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Dos Visiones: ¿Por qué merece la pena, o no, involucrarse en política?

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A esta pregunta hemos respondido @Alexcibernetica y yo, en este #postapachas. Me  parece que las razones que damos, son una viva muestra, de lo que piensa mucha gente. Gracias a Alejandra por parcipar en este intercambio de opiniones.

Por Alejandra



George B. Shaw, escritor irlandés, dijo que "la política es el paraíso de los charlatanes". Y no hay más que acudir a un mitin de cualquiera de nuestros partidos para cerciorarse de ello.

Vivimos en un sistema viciado, en una democracia de pandereta, que consiste únicamente en introducir un voto en la urna cada cuatro años.

Y después a verlas venir, por arriba, por abajo, por el centro, y para dentro. No hay otra. No hay manera de zafarse del monstruo que entre todos se ha creado.

¿Debemos participar de este espectáculo?

No.


En esta podredumbre, en esta sociedad política viciada, viciosa y amoral, no hay hueco para las ideas propias, para las ideologías puras. Nunca antes había cobrado tanta relevancia la famosa frase de Marx, Groucho (Karl fue un señor mucho menos realista): "Éstos son mis ideales, si no le gustan, tengo otros", Y así, sólo así, será como el ciudadano con ínfulas de servidor público llegara a su destino soñado. Vendiendo al Mefistófeles de turno, aquello en lo que creyó antaño.

Porque la política es una maquinaria muy bien engrasada, en la que el funcionamiento es claro, y sólo usándola de la manera establecida, "adecuada" a los intereses de unos pocos, se podrá poner en marcha.


¿Qué nos queda entonces? ¿Sentarnos y esperar? ¿Adoptar una hipócrita vida antisistema? ¿Protagonizar una revolución? ¿Tomar la bastilla? ¿Volver a comprar claveles?

Estamos instaurados en un sistema del bienestar tal, que aún no yéndonos bien las cosas, no nos van tan mal como para abandonar nuestro cómodo sofá, nuestra "rápida" (perdónenme la ironía) conexión a Internet, nuestra cuota mensual a GolT, en aras de una lucha en la que, y debo hablar por mí, no creo.


David contra Goliat es un mito, un cuento.

Y me conformo con escupir sandeces, a quienes quieran escuchar, y a contemplar cómo los Gobiernos socialistas no lo son tanto, porque Europa manda, o mandan los EEUU, mientras aquellos ilusos ciudadanos de izquierdas que contemplan la política desde la barrera, desde fuera, no se quitan la venda, y siguen apostando por ellos. ¿Qué más pruebas les hacen falta?


¿Qué decir de la derecha? ¿Por qué seguimos haciendo una separación estúpida que hace décadas perdió ya su sentido?


Son los mismos perros, usando quizá diferentes collares.


Seguiremos acudiendo a las urnas, seguiremos indignándonos con la corrupción que nos afecta, pero sólo con la del color que nos molesta, continuaremos tragando con decisiones injustas, con recortes sociales, con préstamos (¿a qué interés, cómo serán devueltos?) a entidades bancarias sin que las condiciones trasciendan, con mentiras susurradas, y medias verdades gritadas a voces, con promesas electorales efectistas, que después de un tiempo no podrán ser mantenidas, con congelaciones salariales, con negociaciones con terroristas, con apoyo a Gobiernos dictatoriales, dándole la espalda a pueblos con los que estamos en deuda, con manifestaciones de "famosos, y caras bonitas", que prestan su imagen para sacar tajada, con censura, prohibiciones y un largo etcétera.

Y ahora permítanme que me ría. Tenemos lo que merece la mayoría.
Por Robert González.
“Porque el futuro ganado
por nuestros mayores,
no lo malgastemos en un presente
rendido sin lucha ni dignidad,
a merced de un mañana sin utopía.”



Si bien nadie ha elegido vivir, estamos en el mundo, y si “estamos” tenemos una responsabilidad; que incluso siendo un ciudadano que no está involucrado en política, hace que tenga la “responsabilidad por omisión” de lo bueno y de lo malo de lo que sucede a su alrededor.


El Artículo 2 de la Constitución Española dice, “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”. Quizás sea un ingenuo, pero yo me lo creo, y si alguien me demuestra que eso no se respeta en mi país, me tendrá a su lado para luchar y que vuelva a ser respetado. El quejarse y  proclamar máximas  demagógicas de tipo: todo el mundo está “vendido”, o “comprado”, que el sistema democrático no funciona sin proponer alternativas, o que los políticos son una casta superior que no representan a nadie; son solo malas excusas para quedarse en casa sin hacer nada. 

Cuanto más graves son los insultos y difamaciones a los poderes públicos, más me sorprende que no acaben en una única respuesta: Involucrarse en política por la defensa activa de ellos. Por ejemplo, el partido que fundó Pablo Iglesias en 1879, tardó más de cien años en gobernar España con mayoría absoluta. Hoy en día, introducirse en la política activa cuesta infinitamente menos que en décadas pasadas, pues entonces, ¿por qué hay tanta reticencia a hacerlo? Y lo que es peor, ¿por qué tanta gente que nunca ha militado en ningún partido, conjetura, difama y habla tan mal de los partidos políticos, sin conocerlos y sin dar argumentos de peso? Creo que eso daría para muchos post, pero daré mi opinión después de llevar más de siete años en uno.

Reconozco que antes de entrar, no tenía ni idea de como podía estar organizado un partido, pero ahora puedo decir que la vida en la política es un trabajo desagradecido con el conformismo y la ignorancia; te exige formarte constantemente en las áreas más complicadas y diversas que componen la organización humana. La vida política exige  tragar mucho “ego”, el más difícil de tragar es el ego propio, para respetar las opiniones del resto de personas, y así,  llegar a un consenso que sea el más beneficioso para todos. Decenas de veces llegué a la agrupación con lo que yo creía que era la idea más genial que nadie hubiera pensado, y cuando la puse en común se vio que no era la más adecuada; el reconocerlo, es quizás la lección más difícil de aprender.  

Al esfuerzo personal que exige el ponerse de acuerdo en una organización donde la mayoría de los afiliados lo hace voluntariamente, hay que unir, que la política está constantemente denigrada desde los medios afines a la derecha.

A mi juicio, esto sucede para que las personas de izquierdas, y por lo tanto sensibles a las injusticias sociales, se desanimen y no voten. De esto último podría dar decenas de ejemplos.


También hay otras razones más personales por las que me gusta estar en política, que tienen que ver con una filosofía de vida personal. Yo creo que la vida no merece la pena ser vivida sin “ganas” de hacer cosas (y espero seguir teniendo esa necesidad toda mi vida), y la política es el medio más rápido, aunque más difícil, de transformar nuestro entorno.



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