El Momento de España - Conde de Romanones

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El Conde de Romanones era un terrateniente de Guadalajara y político Liberal de larga trayectoria en el sistema de la Restauración. Fue un político controvertido y sobre él, siempre hubo sospechas de que utilizó la politica para su propio enriquecimiento, aunque Javier Tusell  afirmó que su fortuna menguó  estudiando su patrimonio antes y después de su trayectoria política.


CONDE DE ROMANONES
El mayor peligro para España está
en las imposiciones del socialismo;
pero mientras no se celebren nuevas
elecciones generales no habrá cambios
esenciales en la marcha de la política.

El conde de Romanones acaba de llegar de Sevilla, donde ha pasado mes y medio.
Cuando me recibe en su hotel del paseo de la Castellana, despacha con su fiel Brocas. A poco llega otro de sus más leales y consecuentes amigos: el académico y ex senador D. José Joaquín Herrero.
Corno el conde no ha recatado nunca su pensamiento ante los informadores, no hay por qué ahusar de su acogida amable para obligarle a insistir en manifestaciones que confirmen su posición bien definida. Prescindo también de cualquier alusión que se refiera al pasado, e inicio el diálogo interrogando. Porque el conde espera mis preguntas.
—¿Cuál es el mayor peligro que ve usted para la situación política?
—E1 mayor peligro—me contesta sin vacilar—consiste en las consecuencias que las reivindicaciones obreras y las imposiciones del socialismo están produciendo en la estructura económica de España. Porque son de tal índole, que ya se va acercando el momento en que los trastornos que ocasionan sean
irreparables. Y como de la vida económica de un país depende todo lo demás, es inútil hablar de la política cuando está en entredicho la economía.
—¿Ve usted, sin embargo, un posible remedio inmediato?
—No lo veo posible ni inmediato; porque, además, no se trata de una situación peculiar de España, sino de un fenómeno que, por desgracia, tiene carácter mundial.
--En efecto, se ha dicho qué por nuestra privilegiada situación interior, ese fenómeno nos afecta en menor grado que a otras naciones ; pero es evidente que nos afecta en todo. Yo soy un hombre esencialmente pragmatista. Más que teorizar prefiero observar los efectos prácticos y sentar en ellos mis afirmaciones.
—Claro es que por ahí fuera no ve usted más que la pugna entre los dos extremismos.
—Exacto. La dictadura del proletariado u otra dictadura que impida la del obrerismo. Y yo no quiero ni siquiera pensar en esto para España, porque cuantos más años tengo, más se afirman mis convicciones liberales y estoy más distante, por ello. de cuanto pueda significar un trasunto de dictadura: pero eso no significa que hayan de cerrase los ojos a lo que se está viendo venir. Y como aquí no estamos preparados para lo uno ni para lo otro, el conflicto sería mayor.
Por rara paradoja. que parece contradecir esa afirmación rotunda, el conde de Romanones salpica su charla con curiosas observaciones de su reciente viaje a Sevilla.
—Como es sabido—me dice—, a diario se cometen allí los más audaces atentados terroristas. Pues no por ello se altera la normalidad de la vida en aquella capital. Y eso que la temeridad de los pistoleros no cede ante las precauciones de las autoridades, que realmente no pueden hacer más de lo que hacen. Por todas partes se ve a sus agentes : policía, guardias civiles, de asalto y de orcien público. Pero no es posible proteger individualmente a los ciudadanos.
En cuanto al campo—prosigue—, está mejor allí que el año pasado. Los trabajadores, percatados de los perjuicios de las huelgas, ya no las suscitan. Están en un régimen de trabajo asiduo que yo quisiera para la provincia de Toledo. No veo, pues, peligro alguno para este año. Lo habría únicamente si la cosecha se presentase mal ; pero el campo promete una recolección espléndida. Y aún es mejor la situación de la ganadería, por la abundancia de pastos a causa de las frecuentes lluvias del invierno.
La política en esos pueblos--me refiero a la mayoría de ellos—no ha variado sensiblemente en cuanto a las personas. Sólo ha cambiado su filiación. Mis antiguos amigos son, en unos, radicales socialistas; en otros, radicales, y hasta socialistas en algunos, según sus afinidades o su especial conveniencia. Y lo mismo puede decirse de los pertenecientes
a las otras agrupaciones antiguas. Es menos frecuente la actuación de elementos nuevos, y menos aún que estos nuevos elementos, casi siempre socialistas, administren mejor que los antiguos concejales los intereses de los Municipios.
No obstante, he sabido de alguno que merece citarse como demostración de que no son nuevas ideas. sino hombres los que se necesitan. En Castilleja de la Cuesta hay un alcalde socialista que ni un solo día ha abandonado las faenas del campo que cultiva como obrero de labranza. Cuando al anochecer regresa al pueblo, va a su despacho del Ayuntamiento, preside las sesiones del Municipio, y la energía y la ponderación con que ejerce las funciones de su cargo le han conquistado el respeto de todos sus convecinos. Todos le obedecen, aun los más acaudalados terratenientes. Por supuesto, allí no ha habido ninguna huelga ni el menor conato de perturbación del orden público. Eso demuestra que los pueblos, como las naciones, sólo desean estar bien mandados y que las ideas tienen una importancia secundaria,
Cuando mi insigne interlocutor ha agotado el repertorio de las anécdotas de su reciente viaje, aprovecho una pausa en el relato para interrogarle nuevamente.
—¿Qué cree usted que puede pasar en la marcha de la política?
—Sigo creyendo que no pasará nada de momento; los que sueñan con una crisis y con cambios de rumbo no ven que han cambiado las directrices de la política y sus principios básicos. Ahora se procecede de manera muy distinta que antes. Pero ahora como antes, los Gobiernos se mantienen en el Pode, por dos motivos : o porque sus condiciones son superiores y su obra es verdaderamente meritoria, o porque, no siéndolo, no tienen quien les suceda. Con esto no digo ni quiero dar a entender por cuál de esos motivos se ha mantenido en el poder el Gobierno del Sr. Azaña.
Si, a pesar de la obstrucción de las oposiciones, se aprueban las leyes que el Gobierno considera irnprecindibles, habrá una larga vacación parlamentaria, y allá en octubre hablaremos.
Ahora bien—puntualiza el conde—, esto lo digo porque no quiero dejar sin contestación su pregunta, pero cada vez más desconfiado de las profecías, porque en estos tiempos no se puede ser profeta.
---No, ya le dije antes que en España no hay ambiente a favor del fascismo. El grito que ahora predomina es el de "¡Abajo Hitler!" En Sevilla está escrito en todas las calles v, por cierto, ni una sola vez con ortografía. Estos movimientos de opinión, como el reciente de Alemania, surgen en todos los pueblos por las circunstancias. Ellas engendran el ambiente. Si las circunstancias en Francia en la última década del siglo XVIII no hubieran sido propicias al genio militar, Napoleón habría muerto de coronel. Pues lo mismo puede decirse ahora de Hitler y de Mussolini. Claro que también hace falta el hombre, pero éste no puede surgir si las circunstancias no le abren el camino.
—En cambio, concédame usted que ante unas elecciones generales sí podría manifestarse una opinión adversa al socialismo.
—Ambiente para unas elecciones generales... cuando las haya. Yo creo que unas elecciones de diputados no se celebrarán en breve, sino en un plazo muy largo. Porque el Gobierno está persuadido de que, a poco que respete la voluntad nacional, el resultado de esas elecciones en estos momentos no sería favorable para él, por lo menos no sería el de las elecciones de 12 de abril del 31, ni el de las convocadas para las Constituyentes. Y, como es natural, las alarga...
—Por supuesto, no se puede hablar de cambio de politica mientras no pasemos por unas elecciones generales.
Dada la Constitución —y aquí terminan las impresiones del conde de Romanones, porque yo no creo discreto afondar en las preguntas—, al presidente de la República no se le puede exigir que actúe. Ahora. dentro de la Constitución, al presidente de la República no se le puede pedir que haga más de lo que hace, que es no hacer nada.
El Momento de España (pág. 49)
El Momento de España (pág. 50)
El Momento de España (pág. 51)
El Momento de España (pág. 52)
El Momento de España (pág. 53)
El Momento de España (pág. 54)

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Charla del conductor "Chauffeur ", del metro de paris 16-01-2011

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Me pareció muy curioso que el "Chauffeur" del metro de paris, nos diera, entre parada y parada, toda suerte de consejos bien intencionados, incluso pensé que podría ser alguna cámara ocuta. ;)

Gracias a Bernardo (@bramosv) he podido subtitular el vídeo. No estaría mál que la espontaneidad en los trabajos fuera fomentada y se diera más amenudo. Estoy seguro que el conductor se lo pasó en grande haciendo un poco más agradable el trayecto a sus pasajeros.... 





Los subtítulos son estos,por si alguien quiere perfecionarlos, añadir..etc..

0:00:00.490,0:00:03.430
Sois muchos los que cogéis el mismo
tren mañana y tarde. Os cruzáis sin hablaros

0:00:03.430,0:00:06.430
jamás, sin siquiera miraros, a veces.
Pues bien, esta mañana os pido que os

0:00:06.430,0:00:09.430
volváis hacia vuestra vecina,
vuestro vecino y le digáis:

0:00:09.430,0:00:12.430
"hola, buenos días, bienvenidos"
Presentaos, "yo soy Vincent, ¿Y tú?"

0:00:12.430,0:00:15.430
¡Venga! No seáis tímidos.
Parad vuestros SMS, levantad la cabeza,

0:00:15.430,0:00:18.430
colgad vuestros teléfonos móviles,
desconectad vuestros MP3, guardad el periódico.

0:00:18.430,0:00:21.430
Decid dos o tres palabras, hablad,
sonreíd y veréis que todo cambia

0:00:21.430,0:00:24.430
poco a poco y el metro será mucho más bello,
trabareis amistades, cambiará el ambiente

0:00:24.430,0:00:26.430
y todo irá, incluso más lejos


0:00:46.430,0:00:48.430
[y llegamos a la estación de
Charles De Gaulle - Etoile,

0:00:48.430,0:00:53.430
poco antes de abrir las puertas-]

0:00:53.430,0:00:56.430
Ellos no van a entender nada, pero no importa,
se les sonríe de todas formas,

0:00:56.430,0:00:59.430
sonreíd también a los turistas,
a los extranjeros que no han

0:00:59.430,0:01:02.430
entendido nada desde el principio.
¡Venga!, sonreíd a los que os rodean, buscad bien

0:01:02.430,0:01:04.430
Hasta parece que hace sol,
con la sonrisa de tres

0:01:04.430,0:01:07.430
o cuatro basta para empezar.

0:01:07.430,0:01:10.430
Y cuanto más sonriáis,
más brillará y más corto

0:01:10.430,0:01:13.430
será el trayecto.

0:01:13.430,0:01:16.430
Os cuesta creerlo, ¿Verdad?

0:01:16.430,0:01:19.430
Pues sabed que es posible,
porque el sol, en el metro,

0:01:19.430,0:01:21.430
es como la felicidad,

0:01:21.430,0:01:24.430
está a la vez por todas partes
y en ninguna parte, lo que hace

0:01:24.430,0:01:27.430
que a veces lo percibimos
sin llegar a verlo.

0:01:31.430,0:01:34.430
Venga, feliz año nuevo,
mucha felicidad,

0:01:34.430,0:01:37.430
sonreíd un poco, adiós,

0:01:37.430,0:01:40.430
buenos días, gracias

0:01:42.430,0:01:43.430
[Charla del conductor del metro de París,

0:01:43.430,0:01:46.430
línea 2, llegando a la estación

0:01:46.430,0:01:49.430
Charles De Gaulle - Etoile,

0:01:49.430,0:01:53.430
a mediados de enero de 2011 por la mañana.]

0:01:53.430,0:01:57.000
Traducción: @bramosv (Bernardo)
Cámara: @torrejon (robert)

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El Momento de España -Julián Besteiro

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Julian Besteiro era catedrático de lógica de la Universidad de Madrid y fue el sucesor de Pablo Iglesias a su muerte. Fue elegido Presidente del Congreso de los Diputados de las Cortes Constituyentes que deliberaron el texto Constitucional. Dentro del partido tuvo dos grandes competidores: Largo Caballero y Indalecio Prieto, y sus diferencias políticas y personales fueron harto conocidas en la época.

En el momento de la entrevista, 1933, sigue siendo presidente de las Cortes.

JULIÁN BESTEIRO
El partido socialista no debe asumir las 
responsabilidades fundamentales del Gobierno,
sino condicionar con su fuerza indiscutible
la política de los partidos burgueses.
Las actuales Cortes no podrían considerarse fracasadas si las circunstancias obligaran a disolverlas.
Si consideramos la situación—dice el Sr. Besteiro desde el punto de vista general de la política española, se advertirá que estamos en un momento que se caracteriza por la tendencia a la definición de los grupos republicanos.
Claro está—añade el ilustre catedrático—, que este trabajo de organización política del _ régimen no puede operarse sin pasar por trances comprometidos, pero cualesquiera que sean las dificultades que ello entrañe, este período es, a mi modo de ver, necesario y conveniente. Es preferible, además, que se realice dentro de estas Cortes para que, cuando llegue el momento de las elecciones generales, la opinión pueda ser encauzada por distintos rumbos que representen las diversas aspiraciones políticas dentro de la República.
Esta es una labor a la cual asistirá, o deberá asistir, más bien como testigo que como actor el Partido Socialista, al cual, a menos que los acontecimientos obligaran a torcer esta trayectoria, no le está reservado en la República el papel de asumir las responsabilidades fundamentales de Gobierno, sino mas bien el de condicionar con su fuerza indiscutible la política de los partidos burgueses republicanos.
Yo entiendo que el Partido Socialista ha de tener una influencia política creciente, pero le interesa en primer término hacer una obra de penetración, sobre todo en los organismos que se vayan creando para satisfacer las necesidades de las nuevas organizaciones, políticas que precisa España como todos los países del mundo.
Estos son los organismos del porvenir, porque presentan actividades nuevas. En ellos se irá dibujando el esquema del futuro Estado, que cada vez ha de estar más influído por las ideas y las tendencias socialistas.
--Mi ideal, pues, sería que, pasado este período, los socialistas no formasen parte del Gobierno, pero sí que se fundieran en la vida política de todos los Gobiernos. No concibo que ningún partido republicano y, por tanto, fundamentalmente democrático, pueda sustraerse a esta influencia del socialismo. Pocirl adaptarse de un modo o de otro, pero la impregnación de ideas y de tendencias socialistas es un fenómeno universal que se manifiesta en la política de todos los países y que no puede menos de dejarse sentir en España.
—¿...?
—Este modo de acción política del socialismo es el que, a mi parecer, corresponde más fielmente a la interpretación democrática de la doctrina socialista propiamente dicha, o sea de la denominada II Internacional, que caracteriza al Partido Socialista obrero español, porque es más de acción, porque es la que asegura la transformación del Estado operada de arriba abajo con el mayor predominio posible de las masas y no como un mero producto de la inteligencia, del valor o de la clarividencia de sus elementos directivos.
—¿...?
—Si yo lograse ver la política española conducida en este sentido y, por consiguiente, con una percepción clara por parte de los elementos burgueses de la necesidad de acoger las nuevas ideas que el socialismo representa ; si yo alcanzase a ver formarse en el Partido Socialista una conciencia cada vez más diáfana de que aquélla es fundamentalmente su misión, creo que podría darme por satisfecho, porque entonces la República española se encaminaría por sendas de progreso y, al mismo tiempo, de paz, máximo bienestar a que puede aspirarse en estos tiempos de lucha universal.
Sonríe el Sr. Besteiro, satisfecho, al parecer, porque ha logrado definir su pensamiento ante el curioso e indiscreto reportero (para un político, los periodistas somos siempre indiscretos), sin escuchar la menor objeción a la posibilidad de que su magnífico programa se realice.
Pero el lector deducirá por la lectura de los capítulos precedentes que, en general, los representantes de los partidos llamados burgueses no está demasiado propicios a facilitar la impregnación socialista, y que los partidos obreros discrepantes de la U. G. T. no aparecen muy contentos con los resultados de la interpretación marxista de los jefes del socialismo español.
El reportero, deseoso de concretar se cree, pues, autorizado por sus lectores para dirigir al leader socialista y actual presidente de la Cámara las siguientes preguntas:
—¿No cree usted que para calmar la inquietud de la burguesía, que ve cada día más peligro en los avances demasiado rápidos del socialismo, y al mismo tiempo para consolidar las conquistas logradas por su partido en esta primera etapa de ejercicio del Poder, convendría al socialismo que sus ministros dejaran el paso franco a un gobierno netamente republicano?
—En este punto repite el Sr. Besteiro--ya he definido varias veces mi opinión. Inicialmente, entendía yo que los socialistas no debían formar parte del Gobierno; pero, circunstancialmente, dada la distribución de fuerzas políticas de esta Cámara y los compromisos contraídos, debo abstenerme de señalar cuál es el momento propicio para cambiar de táctica.
Como miembro de la minoría socialista, acato las decisiones del Partido; creo que es él y no yo quien debe señalar la oportunidad del cambio de táctica y fijar su fecha.
Aquí el reportero aventura otra pregunta, pero el Presidente elude la réplica. Quiero saber si ante el resultado de las elecciones municipales que acaban de celebrarse no considera el Sr. Besteiro que convendría más a su partido dirigir desde fuera del Gobierno la propaganda electoral para las generales.
—Porque—continúa el reportero, que aspira a llenar todavía otra página con el texto de esta conversación—, ¿no le parece a usted, señor Presidente, que estas Cortes han terminado ya su misión, o, dicho de otro modo, las consideraría usted fracasadas si las contingencias políticas exigieran su disolución inmediata?
El profesor de Lógica fundamental calla un instante, pero encuentra pronto una respuesta hábil para satisfacer en parte al interlocutor, con la promesa de que ésta será la última pregunta:
—Como Presidente de la Cámara, mi posición es ésta : sería un ejemplo admirable que estas Constituyentes prolongasen su vida hasta dar cima a todas las leyes complementarias de la Constitución. La frecuencia con que se renovaban los Parlamentos en el antiguo régimen era uno de los grandes males de la política nacional.
Ahora bien: en realidad, estas Cortes han aprovechado muy bien el tiempo, han trabajado intensamente, han realizado una labor seria y eficaz. Así, pues, no creo que se pudieran considerar fracasadas si tuviesen que terminar su vida. La magnitud y la importancia de su obra legislativa justifica su existencia...
Y el Presidente, temeroso de haber dicho demasiado, se apresura a concluir la frase:
—Sin embargo, yo no he de señalar ningún plazo para su disolución.
El Momento de España (pág. 43)
El Momento de España (pág. 44)
El Momento de España (pág. 45)
El Momento de España (pág. 46)
El Momento de España (pág. 47)
El Momento de España (pág. 48)

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París en un enero imposible

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Parece que París olvida su historia y que surja del siglo XIX para recordarnos que fue un siglo vital para la comprensión del siglo XX. Un siglo que fue hurtado de la conciencia colectiva por las grandes estadísticas, la tecnología del siglo XX y por un sistema educativo que no hace mucho caso de la ingenuidad de las ideas que surgieron en esa época.





























París hoy, sigue siendo la cuna y la leche del alma creativa de Europa.

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El Momento de España - Alejandro Lerroux

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Alejandro Lerroux era el líder del Partido Republicano Radical, con una dilatada carrera en política, es varias veces Presidente de Gobierno en  coalición con la CEDA (bienio negro)  y como resultado de las elecciones que están a punto de acontecer en el momento de esta entrevista.


ALEJANDRO LERROUX
Una crítica serena y un programa
                                           razonable.
Claro, preciso, enérgico en el fondo, aunque contenido y mesurado en la forma, el alegato de D. Alejandro Lerroux, escuchado por mí con el respeto y el silencio debidos a un maestro de la oratoria política y traducido a continuación de mis notas taquigráficas, tiene el indudable mérito de un resumen de sus más acabados discursos de oposición y una síntesis de las declaraciones optimistas en cuanto al porvenir que el ilustre jefe de los radicales viene haciendo en estos últimos meses a los periodistas en los pasillos de la Cámara. Es además un esbozo de su programa de Gobierno para un mañana que pudiera llegar algún día...
—Es evidente — comienza D. Alejandro — que existe un malestar que tiene ya la forma nacional, porque penetra en todas las manifestaciones de la actividad española.
Concretar la responsabilidad en las personas es tan difícil como achacárselas al régimen. Las circunstancias, como no tienen personalidad, no pueden ser acusadas de responsabilidad.
Sería injusto desconocer que los hombres que han asumido la pesadumbre de adaptar al país las nuevas instituciones han prestado un gran servicio, afrontando todas las enormes dificultades que esa labor implica. No les ha faltado voluntad ni abnegación, ni, en general, capacidad : lo que les ha faltado es una preparación y una experiencia que no se aprende en los libros, ni en las Universidades solamente, sino que se adquiere viviendo la vida nacional en su mayor número de aspectos, conociendo todos o la mayor parte de los problemas y ,estando muy en posesión de los resortes con los cuales la autoridad ejerce su alta misión sobre las colectividades, sin necesidad de apelar a otras violencias que a las que jurídicamente están en la ley.
Yo estoy convencido de que si otros hombres con mayor experiencia hubieran dirigido los primeros pasos de la República, habrían tropezado con las mismas dificultades, pero las hubiesen eludido, por que no se hubieran empeñado, impulsados por un prurito pueril, en una carrera loca para avanzar lo más posible, expuestos a que, como les ha sucedido a éstos, les faltase el terreno bajo las plantas. No se trata ¿- llegar en los radicalismos más lejos que cualquier otro Gobierno o cualquiera otra República, sino de conquistar el mayor número de voluntades nacionales para implantar las libertades que teníamos y consolidarlas tan pronto como fuera posible.
—Mi vida, que ya es larga, es garantía de la sinceridad de mis convicciones que, en todos los órdenes, son neta y completamente radicales; pero mi conocimiento de la realidad, de la psicología de la raza y fe los problemas nuenos enlazan con otras realidades vecinas e internacionales, me habrían dictado un ritmo y una pauta para avanzar más o menos en unos problemas. según los problemas mismos y las circunstancias nue hemos venido viviendo. Todo el mundo sabe que yo soy un hombre de vida completamente laica, y el laicismo no se define por ateísmo ni por sectarismo, sino por neutralidad, que respeta todas las creencias y no permite que prevalezcan en la Gobernación del Estado ninguna Iglesia o privilegios determinados.
Pues bien: yo digo que, habiéndose acordado en la ley constitucional la separación de la Iglesia y el Estado, de ahí en adelante se ha ido demasiado de prisa, demasiado bruscamente, con muy poco tacto, con mucha falta de respeto a la conciencia ajena y como siempre sucede a los hombres que no son real positivamente laicos, atropellando, para parecerlo, con violencia pueril, creencias ajenas.
Esto ha producido un hondo malestar en el país tanto más inútil cuanto que la misma Iglesia. rendida ante las realidades contemporáneas que tienen carácter universal. no había recibido hostilmente el triunfo de la República, ni siquiera al aplicarse la separación entre la Iglesia y el Estado.
Como en materia religiosa, en otras se han guiado los gobernantes más por los epígrafes, por las portadas y por el afán de parecer, que por el de ser, y así ha ocurrido con la Reforma Agraria, de la que yo dije al anunciarse que era labor para varias genera-
dones, suscitando el sarcasmo y la ironía de los que creen, a pesar de titularse laicos, en los milagros de la revolución y en que las evoluciones pueden hacerse por síntesis improvisadas.
Más daño ha hecho a la economía del país el anuncio de la Reforma Agraria tal como se propaló y como sirvió de argumento en las propagandas de los indiscretos, de los inconscientes y de los ignorantes, que el texto mismo de la ley Agraria y, por fin, se ha venido a parar en lo que yo dije desde el principio: en que ésa es una reforma, una transformación que lleva aparejada como indispensable complemento la de todo un sistema jurídico que afecta a las leyes de propiedad, hipotecaria y del registro, que exige la creación de escuelas especiales, la fundación del crédito agrícola, la formación de Cooperativas de producción y de consumo, y al mismo tiempo una política de expansión comercial, que exige de paso otra transformación también muy honda en nuestro sistema diplomático y consular. Porque si no estudiamos los mercados extranjeros y no procuramos introducir en ellos nuestros productos, la superproducción que una reforma agraria habría de traer consigo, necesaria e indispensablemente no podría ser objeto de exportación.
Con todas estas improvisaciones y estas reformas, desarrolladas con un, ritmo a veces de locura, lo que se ha conseguido es sembrar primero una excesiva confianza en el paraíso terrenal conquistado por la república y luego la efectividad del retraimiento de
capitales y de iniciativas privadas, que ha sustraído a la economía nacional medios y acciones en todos los órdenes. La desgracia engendra la desesperación en las muchedumbres campesinas que, reacionando violentamente en muchos sitios, no han encontrado el tope de la autoridad apoyada en la ley y actuando con energía, sino la impunidad para lo que eran crímenes, que se vestían con el nombre de esfuerzos revolucionarios, y una ausencia completa de puniciones para toda clase de delitos.
De las alturas no ha descendido nunca el abrazo fraternal sino con la hoz en la mano amenazando segar la cabeza de todos aquellos cuyos delitos se reducen a ser propietarios; no se ha tenido la ductilidad, el tacto, el espíritu cordial que son indispensables acompañantes en épocas de transformación política, ni siquiera la energía oportuna para reprimir las violencias de los que, ayunos de todo sentido moral, al socaire de estas inevitables perturbaciones, las explotaban o pretendían explotarlas en provecho propio.
De ahí la indisciplina social, la relajación de todos los vínculos que constituyen un estado jurídico de menosprecio a todas las autoridades y, por último, la situación de disgusto general a que hemos llegado, hasta el extremo de que los ganados por el pesimismo temen por la existencia de la República.
—¿...?
—Yo no abrigo ese temor. Sé que un sencillo cambio de Gobierno y un golpe de “gobernalle” para enderezar el rumbo con otras orientaciones bastará para reconquistar en buena parte la confianza de todas las clases sociales. Y restableciendo el imperio de la ley sin contemplación alguna que suponga claudicaciones, se llegará a un estado de convivencia que permita en lo futuro gobernar el margen de tiempo necesario para desenvolver una política que reconcilie a la República con todos los desafectos.
El pueblo ofrece a cada paso muestras de descontento de la República, y hay no pocos espontáneamente inconciliables, pero la torpeza consiste en aumentar ese número, convirtiendo en enemigos a los que, convenientemente tratados y atendidos, se hubiesen fácilmente transformado, primero en aliados y después en convencidos servidores de las nuevas instituciones.
—Yo pienso que un futuro gobierno ha de expresar su propósito de conciliación nacional, teniendo en él representación el mayor número posible de fracciones republicanas, porque en mucho tiempo no podrá haber gobiernos de partido, puesto que, además, no hay partidos que nacionalmente merezcan ese nombre, fuera del que yo tengo el honor de dirigir.
Pienso igualmente que la labor a que habrá de aplicarse ese gobierno será la de apaciguar los ánimos y restablecer en la mayor medida posible el orden. El gobierno que se forme habrá de encaminarse a desarrollar, a la vez que el crédito público se encauce, la exportación a España de capitales, un sistema de obras públicas que está necesitando indispensablemente nuestro país, que de lo que primeramente adolece es de falta de comunicaciones materiales y espirituales, por lo que nos desconocemos los pobladores de unas y de otras comarcas, y se hace muy difícil el intercambio de productos por la dificultad de los transportes; hay una enorme riqueza en nuestro sistema hidráulico que es necesario aprovechar, civilizándolo, para la producción de una red nacional de energía eléctrica que fácilmente aliviará el trabajo, que dejará de ser un castigo, creará numerosas industrias y contribuirá a la industrialización de la agricultura.
-¿...?
--La trascendencia de estas ideas epigráficamente expuestas ha de ser, a juicio mío, tan considerable, que ello sólo basta para dar trabajo político, económico y social a toda una generación de gobernantes. España tiene, a juicio mío, y sin caer en lirismos disparatados, un magnífico porvenir tan pronto como un acuerdo internacional normalice las relaciones económicas, porque la economía de nuestro país, afortunadamente virgen en muchos aspectos, se halla en condiciones de emplear el trabajo de una población bastante más densa de la que expresa el último censo, cuyos números se han publicado en la Prensa.
Si yo tuviese la desdicha, o la fortuna, de asumir la responsabilidad ale gobierno de mi país, que ha sido legítima y noble ambición de gran parte de mi vida, pero que no es condición indispensable de mi existencia, adscrita a la República—dice como optimista
colofón el señor Lerroux--, yo había de condicionar mi actividad principalmente a los fines que acabo de exponer, y estoy seguro, conociendo el alma de mi raza y de mi pueblo, que todas estas dificultades, que como expresión de hostilidad política se anuncian, cederían ante el conocimiento de la nobleza de la intención y de la practicidad de los medios a que para realizarlos había de apelar.
El Momento de España (pág. 35)
El Momento de España (pág. 36)
El Momento de España (pág. 37)
El Momento de España (pág. 38)
El Momento de España (pág. 39)
El Momento de España (pág. 40)
El Momento de España (pág. 41)
El Momento de España (pág. 42)

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El Momento de España - Ángel Ossorio y Gallardo

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En esta entrevista de 1933, perteneciente a al Libro El Momento de España, si la leen, podrán constatar  que Ossorio  y Gallardo lanza críticas a todas las ideologías políticas, y pronuncia frases que podrían ser calificadas de proféticas (ya sé que me repito, pero... ), ahí va una muestra:
—¿Ve usted un peligro para la República en cualquier Gobierno que se incline hacia el sector de la derecha?
—Por ahora, sí. Y mis razones son estas:
Porque ninguna de las derechas actuantes tiene criterio social, y hoy no se puede estar en política sin pensamiento preciso en tal materia.(...)
Porque las masas izquierdistas se juzgarían defraudadas si adviniese un cambio prematuro, cuando la política de izquierda apenas ha empezado a balbucear. La decepción provocaría un contragolpe, cuyo alcance no es fácil calcular, con daño, naturalmente, de los intereses conservadores del país.

Ossorio y Gallardo fue Maurista y fue Gobernador Civil de la provincia de Barcelona en la Semana Trágica (1909), en donde opto por una oposición contraria a la intervención del ejercito. El Historiador Javier Tusell, en su libro Historia de España del Siglo XX,  le  define como moderado, él en esta entrevista,  se define como liberal, pero ante todo, fue un republicano hasta el final.


ÁNGEL OSSORIO Y GALLARDO
Don Angel Ossorio y Gallardo pide
una política limpia y pública, respeto
a la libertad, igual para todos los
españoles, y otras bellas realidades.
El modesto informador que colecciona estas impresiones os ofrece en las páginas que siguen las que ha tenido la atención de comunicarle el Sr. Ossorio y Gallardo, siempre periodista y siempre deferente para los compañeros, por humildes que sean. Y el que hoy se ha permitido interrogarle, y no se atreve a agregar ni una línea a la limpia prosa del que considera su maestro en leyes y en letras, ni siquiera puede llamarse reportero.
Quizá las impresiones de este político original hubieran sido más interesantes sin ajustarse al marco de un cuestionario; pero el ilustre abogado prefiere que yo le interrogue, y así, comienzo por la que es hoy obsesionante preocupación en cualquier lugar donde se discuta la candente cuestión política:
—¿Ve usted peligro en un avance excesivo del programa socialista? ¿ Pueden hoy constituir Gobierno los socialistas?
—Lo del peligro..., según para quién. Un burgués petrificado, un capitalista impermeable, un rentista de oficio ven peligros por todas partes, y la más pequeña conquista de la justicia social se les antoja empeño demoledor.
No hablo para esos que, naturalmente, no pueden entender estas cosas aunque se lo propongan, sino para aquellas otras personas de disposición mental suficiente a discurrir con imparcialidad.
Son características de este dramático tránsito de una etapa a otra de la Historia : la mudanza de los valores sociales, mediante la colocación del trabajo en fiel lugar preferente que antes ocupaba la riqueza; la tendencia a hacer colectivos los elementos de producción y de comercio ; y la actuación compresora de las grandes masas. Dentro de estas realidades hemos de discurrir y movernos todos. No vale cerrar los ojos.
Lo primero—la primacía del trabajo—me parece excelente. ¡Todo por el trabajo y para el trabajo! es un bello grito de combate. Definir nuestro actual estado político como "una República de trabajadores" es un símbolo acertado. Lo que me pasma es que combatan esa definición y esa orientación gentes que se titulan católicas. Porque, si no estoy mal informarlo, al trazar Dios el destino del hombre le dijo: "Ganarás el pan con el sudor de tu frente", y no "con, el sudor de la frente de tus colonos", ni tampoco "con el corte del cupón de tus rentas", ni mucho menos "especulando en Bolsa o comprando tierra por fanegas para revenderla por palmos o pies".
Lo segundo —colectivización de los elementos económicos—y lo tercero—presión de las masas  está bien en cuanto sean compatibles con la libertad del individuo. En ese punto veo el tope donde acaba la evolución legítima y comienza la tiranía comunista.
Un liberal—y yo no soy más que un liberal—no pue. de ver con agrado el comunismo, sino que ha de luchar contra él perseverantemente.
La combinación de ambas tendencias me parece justa y sencilla. Veamos unos ejemplos que evitarán muchas explicaciones:
¿Pueden el Estado o el Municipio nacionalizar una mina o municipalizar un ferrocarril? Sí, cuando eso convenga al interés común, y sin que ello estorbe la posibilidad de que los capitalistas particulares exploten otras minas u otros ferrocarriles.
¿Es bueno municipalizar los solares inedificados de toda una ciudad ? Sí, en cuanto se pague a los propietarios, cuando la municipalización se lleve a cabo, el valor justo de la tierra en el momento de ser decretada aquélla. Porque así el dueño recibirá el precio verdadero de su solar y no se lucrará con el aumento de valor que reciba la finca por los progresos de la urbanización, que no se deben al propietario, sino al esfuerzo económico de todos los vecinos.
¿ Es admisible que el Estado instituya la enseñanza como empeño nacional, en el sentido religioso o laico que tenga por conveniente? Sí, perfectamente admisible, a condición de no cohibir la libertad de los ciudadanos para crear otros establecimientos docentes de cualquier sentido ni la de llevar los hijos a la escuela que mejor les plazca. Estado fuerte, sí. Estado absorbente de la familia y de la libertad, no.
En cuanto a que los socialistas constituyesen hoy Gobierno me parecería una temeridad, porque no lo consienten ni el número de sus adeptos, ni el nivel de la educación colectiva, ni la idiosincrasia individualista española. Tan absurdo es, que ni ellos mismos lo pretendían hasta hace muy poco. Pero, en fin, tal maña se pueden dar nuestras derechas, que acaben por implantar ese gobierno. Si se obcecan en combatir con malas armas una República moderada y no tienen bastante fuerza para imponer el fascio... conseguirían traer el comunismo.
—¿Pero es que hay realmente en España una acción comunista?
—Lo ignoro. Sólo sé lo que cuentan periódicos y folletos, y con eso no basta para formar opinión. Juzgo el comunismo incompatible con nuestro temperamento individualista. Por eso me parece que cobra más fuerza y marcha más rápidamente el anarcosindicalismo. Mas no cabe discurrir de ligero y sin datos sobre materia tan ardua. Quizá España cambia de entrañas sin que nos demos cuenta. La formidable disciplina socialista parecía imposible hace diez o doce años, y, sin embargo, es una realidad que todos palpamos.
—¿En cambio cree usted sinceramente que hay un movimiento de derechas?
—Creo que hay muchos movimieritos de muchos grupos que se titulan de derecha. Pero más importante que catalogarlos sería definir la derecha. ¿Qué .es una derecha en España? ¿El integrismo? ¿El capitalismo? ¿El quietismo? ¿El sentimiento religioso? ¿La afición a la dictadura? ¿El republicanismo que se resigna al cambio de la corteza del Estado con tal de que no se toque de verdad a la íntima trabazón de la sociedad espafiola ¿El aristocratismo, que deja tarjeta en la embajada alemana cada día que Hitler hace una barbaridad, es decir, todos los días? ¿El monarquismo sin más alcance que una restauración?

De todo ese abundantísimo muestrario hay ejemplares en España. Pero yo no los reputo derechas. Son gentes que echan leña al fuego que pretenden apagar.
La derecha que he concebido siempre habría de tener estas dos substancias: el sentido liberal, como le definió D. Antonio Maura, y el programa de evolución social de la democracia cristiana. Pero ¡vea usted qué desgracia la nuestra! Entre nuestros buenos y limpios elementos conservadores, los liberales no conciben la reforma social, y los demócratas cristianos no son liberales.
—¿Ve usted un peligro para la República en cualquier Gobierno que se incline hacia el sector de la derecha?
—Por ahora, sí. Y mis razones son estas:
Porque ninguna de las derechas actuantes tiene criterio social, y hoy no se puede estar en política sin pensamiento preciso en tal materia.
Porque siendo las Cortes de izquierda no podría gobernar con ellas un Ministerio conservador.
Porque no es recomendable la disolución de las Cortes ni el cambio de Gobierno. Lo más conservador que tiene esta República es la estabilidad de sus órganos. Quienes muestran prisa por el cambio facilitan—acaso sin proponérselo—la repetición de 1873 y la paviada.
Porque las masas izquierdistas se juzgarían defraudadas si adviniese un cambio prematuro, cuando la política de izquierda apenas ha empezado a balbucear. La decepción provocaría un contragolpe, cuyo alcance no es fácil calcular, con daño, naturalmente, de los intereses conservadores del país.
Cada cosa a su tiempo. Por ahora conviene agotar las posibilidades izquierdistas de esta Cámara, a la que deseo los cuatro años de vida legal. La derecha debe entrar a gobernar cuando realmente exista y cuando lo reclamen la necesidad y la oportunidad.
—¿Pero será esto posible, y en todo ese tiempo podrá España vivir apartada de las luchas entre comunistas y tascistas?
—Ni España ni pueblo ninguno puede substraerle a los fenómenos universales. Agitada está por ambas corrientes, y aún ha de estarlo más. Pero ello no quiere decir que fatalmente haya de ser pasto de una o de otra. Lejos de creerlo así, pienso que España va ganando día tras día (por su pulcritud política, por su expansión cultural y por su claro juego internacional) una fuerza moral considerable que la pueden permitir una noble y eficaz actuación frente a ambos extremismos y en defensa de la paz mundial. Todo depende de que los españoles, en lugar de dejarnos arrastrar a uno u otro lado, tengamos la ilusión y el
Rectificación de los extravíos antijurídicos que la. República viene padeciendo y, por consiguiente, devolución al Estado de la autoridad que hoy tienen secuestrada los partidos políticos; cesación de las funciones gubernativas arbitrarias; respeto a la libertad, igual para todos los españoles; ordenación jurídica y aquietamiento espiritual del país. La ley es el mejor sedante.
Continuación de la obra parlamentaria para hacer, cuando menos, las siguientes leyes:
La de Orden público.
La del Tribunal de garantías.
La de Arrendamientos rústicos.
La Electoral.
La de Organización y funciones judiciales. La de Régimen local.
Perseverancia entusiasta y ardorosa en cuatro tareas de la República: la cultural, la de reforma agraria, la de riegos y la del pacifismo internacional.
Y—lo repita—agotar el plazo legal de las Cortes, cambiando durante él lo menos posible de ministros.
Hecho esto, en junio de 1935 volveríamos a hablar. ¿No me ha preguntado usted por mi ilusión?

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