El Momento de España - Julio Carabias

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Julio Carabias Salcedo, gobernador del Banco de España entre abril de 1931 y septiembre de 1933. No he encontrado más información de su biografía, que las referencias a su labor como gobernador del Banco de España en el periodico ABC.

FOTO: abc 

Enrique Mariné entrevista a Julio Carabias para el libro El Momento de España en 1933.


 

JULIO CARABIAS

La situación satisfactoria de la moneda española
en el mercado internacional. En el interior,
aunque la obra de la República molesta e
inquieta al capital, no le daña realmente,
y no puede, en verdad, hablarse le
retraimiento de capitales.

,En varios capítulos de esta obra se alude a la crisis económica de España. El informador, aunque buscaba ante todo impresiones de carácter político, no ha omitido tampoco las preguntas, inspiradas en el deseo de obtener declaraciones referentes a la situación del país en el orden económico, faltaba, sin embargo, en contraste con los desalientos y los pesimismos, una voz autorizada que pudiera hablar desde el otro campo.
Y con este objeto he visitado al gobernador del Banco de España, D. Julio Carabias, a quien su permanencia al frente del Banco emisor sitúa en un plano privilegiado de observación de aquellos problemas.
Tengo que agradecer al. Sr. Carabias la deferente atención que ha prestado a mi ruego y las respuestas precisas con que ha contestado a mis concretas preguntas. Y, como desde el campo de las oposiciones, la objeción principal a la política del Gobierno se formula con el cliché de que a ella se debe el retraimiento de capitales en las industrias, interrogo, en primer término, al gobernador del Banco de España sobre este .punto:
—¿Hay verdaderamente retraimiento de capitales en las industrias?
—No creo en el retraimiento sistemático 3e1 capital. Me parece más verosímil la escasez de iniciativas y de oportunidades interesantes, fenómeno natural, por lo demás, del período de crisis por que atraviesa el mundo. El capital que pudiéramos decir amedrentado representa una parte mínima, siempre insignificante en el conjunto de la riqueza. El capital sigue dócilmente a las iniciativas y a las necesidades de empresa. Es por naturaleza contrario a toda situación de pasividad.
En mi deseo de precisar más esta cuestión, aventuro otra pregunta:
—¿Hay realmente peligro para el capital en e' avance de la política socialista?
—Supongo que más que a la política socialista, en su contenido doctrinal, se refiere usted a lo cine constituye actualmente una parte fundamental de la obra legislativa del Parlamento y del Gobierno. No hay en ella--se ha dicho infinidad de veces y por personas de altísima autoridad—una concepción socialista de los problemas que, constitucionalmente. toca resolver a los órganos del Estado. Se trata serie cillamente de legislar conforme al nuevo espíritu de!, país. con un sentido más humano de la justicia que el que se tuvo hasta ahora. Es la obra de la revolución. Obra renovadora que molesta, inquieta pero que no dala. Se comprende que a una sociedad educada en el predominio de clase, formada en los prejuicios de una tradición secular .de privilegios y oligarquías, este movimiento le produzca hondo males tar y hasta cierta irritabilidad. Lo que no se concibe. es que se preterida relacionar la elevación moral y material de la clase trabajadora con la depresión que actualmente padece. nuestra organización económica. El retraimiento del capital, si es verdad que existe, significa una justificada indecisión ante el desquiciamiento de la economía mundial y sus angustiosas interrogantes. En manera alguna una táctica defensiva frente a los avances de la legislación social. negocios fracasan por insuficiencias del capital, por errores de técnica, por defectos de administración, por abatimiento en la lucha comercial. No sucumben al solo empuje de la acción del proletariado. Yo no sé de ninguna empresa bien organizada que se haya visto en el trance de liquidar a consecuencia de las concesiones hechas a sus obreros. Algo análogo podría decirse con respecto a los gravámenes tributarios. En cambio, son bien conocidos los casos en que la reducción de cargas por desgravaciones fiscales o por abaratamiento de la mano de obra no se ha resuelto en una baja de precios, sino en una elevación inmediata de los dividendos. Conste que yo no trato de formular reproches contra nadie. Me limito a exponer mi opinión (puesto que se me pide), sin la pretensión, naturalmente, de que adquiera categoría de dogma.
—¿Cuál es especialmente la situación de los Bancos?
—De todo punto satisfactoria. Tal es la conclusión que se desprende de las respectivas Memorias relativas al último ejercicio, publicadas recientemente. Lo demuestran, por otra parte, las estadísticas que cuidadosamente ordena la oficina correspondiente del Consejo Superior Bancario, y que la Prensa, con patriótica emulación, se encarga de difundir.
—¿Qué política debe aplicarse al remedio de la crisis bancaria?
—Yo llevo ya dos años (desde que me hice cargo de la gobernación del Banco emisor) alejado de las actividades profesionales de la Banca privada. No estoy muy seguro de poder contestar con acierto a la pregunta que usted me hace en cuanto a la crisis. Porque, además, no sé cuál pueda ser exactamente, supuesto que exista en realidad, la significación y el alcance de esa crisis. A la Banca privada se le ha planteado un problema de indudable trascendencia con las nuevas bases de trabajo relativas al personal. En esto se ha ido demasiado lejos, acaso, y lo que puede ser peor, con excesiva precipitación. En algu- nos casos este problema puede convertirse en una dificultad insuperable. Esta es la consecuencia de un régimen abusivo de explotación, realmente inicua, a que el personal de la Banca ha estado sometido durante muchos años. Solamente los que hemos padecido este régimen por haber comenzado nuestra carrera como soldados de fila (son recuerdos de hace treinta años) sabemos hasta qué punto se extremaba en esa explotación nuestro sacrificio. Esto no volverá a ocurrir, por fortuna. De todos modos, creo firmemente que la Banca cuenta con suficientes ele. mentos de acción para contrarrestar los efectos que hayan podido causar en su marcha admmi nistrativa las reivindicaciones de su personal. Ha podido aprender de éste hasta qué punto la solidaridad constituye la fuerza. Puestos a señalar obstáculos en el próspero desenvolvimiento de la Banca privada, yo cifraría la inmoderada expansión que en estos últimos años constituyó el afán de los grandes y aun de los pequeños Bancos, en una especie de pugilato. Pero no he de insistir mucho en el tema. Ya he dicho a usted que no estoy muy al tanto de lo que ocurre en la vida interna de la Banca privada. Aquí sí que podríamos decir que: "Doctores tiene...", etc., etc.
Comprendo que el Sr. Carabias no pueda ser más explícito en los temas que le he sometido, y para buscar otro no menos interesante, pero en el cual pueda desenvolverse con mayor libertad, le ruego algunas indicaciones acerca de la situación de la peseta y de la labor del Centro de contratación.
—La situación de nuestra moneda en el mercado internacional me dice es de todo punto satisfactoria. El cambio se mantiene estable. Se ha logrado esta situación de estabilidad por el libre juego dei mercado internacional y sin el más leve artificio intervencionista. Sabido es que los quebrantos derivados de la depreciación del cambio no consisten solamente en la depreciación misma, sino en las fluctuaciones violentas de la cotización, que implican bruscos desplazamientos de riqueza y un peligro constante en el desenvolvimiento de las actividades co-
merciales. Así, pues, la estabilidad, dentro de los ma les de la depreciación monetaria, es un ideal que, cuando se realiza, atenúa y acaso suprime totalmente  los estragos que pueda producir aquélla. Hoy podemos decir que la cotización de nuestra divisa se mantiene en el nivel que corresponde a las realida des económicas del mercado. Usted, que, como buen periodista, permanece día por día atento a las palpitaciones de la vida nacional, conoce los esfuerzos que hubo que realizar para llegar a este resultado. No hubiese sido posible sin la actitud resuelta y enérgica del Gobierno, manifestada en el plan de defensa del cambio que adoptó aquél en los primeros meses de la República. En la historia del cambio español no se han registrado momentos de mayor peligro que los que se produjeron entonces. Nuestra divisa ofrecía a la sazón las posibilidades más tenta- doras que podía permanecer la especulación profesional, confabulada aquí y en el exterior. Todo era propicio a los apetitos del agio: la confusión política, propia del momento revolucionario; la exportación de capitales; el fenómeno estacional de la contracción de nuestras exportaciones; la crisis bancaria en el Extranjero, que se iniciaba por entonces paralizando súbitamente la función del crédito internacional, todo contribuía a incitar la codicia de la especulación y a. faclitar sus hábiles maniobras, apoyadas en la debilidad que nuestro signo monetario venía padeciendo de años atrás.
Aquel plan consistía fundamentalmente en una demostración de fuerza, por la cual la especulación extranjera debía saber que España no solamente contaba con sobrados elementos para defender su crédito, sino que estaba dispuesta a utilizar aquéllos en cualquier momento. Y bastó con que el Gobierno resolviese acometer el plan defensivo para que éste surtiese el efecto previsto. No fué necesario ponerlo en práctica. De antemano contábamos con que tenía que ocurrir así. Aquella disposición ministerial fué, en cierto modo, otra ley de Defensa de la República. De no haberse acudido a tiempo, el desplome de la peseta hubiese sido inevitable, e inevitable también, por consiguiente, una formidable elevación en los precios, que nos hubiese hecho caer en el abismo de la inflación.
—La creación del Centro Oficial de Contratación de Moneda fué un gran acierto. Lo podemos decir sin apasionamiento, pues ese organismo no es de iniciativa nuestra. Se creó, como es sabido, en septiembre de 1930. En todo tiempo sus servicios a la eco- nomía general del país han sido inestimables. Fué un instrumento eficacísimo de la política monetaria, sin el cual no hubiese sido posible coordinar ésta en la aplicación práctica de sus disposiciones. El Centro operó el año 1931 sobre un conjunto de 14.900 millones de francos, y en 1932 sobre 10.000 millones alrededor. Imagínese usted lo que hubiese sido de nuestro signo monetario abandonado en esa ingente
masa de operaciones- a la vorágine del mercado, avivada por todos los apetitos del agio.

Y el Sr. Carabias termina con las siguientes palabras de franco elogio para la labor del Centro de Contratación de Moneda:
—Merced a esa labor ha sido posible que España, constituya una excepción en el mercado internacional del cambio. Porque con todas las medidas restrictivas de nuestro régimen monetario, con todo el rigor que el Centro de Contratación pone en el cumplimiento de las disposiciones relativas a la re gulación y vigilancia del mercado, ningún país del mundo, entre los muchos, casi todos, que se han visto obligados a adoptar medidas semejantes, cumple sus compromisos y mantiene su crédito comercial en el exterior con mayor probidad que España.

3 comentarios:

pablo necchi dijo...

yo
soy
su bisnieto
pablo necchi carabias yo
amparo carabias principe mama
julio carabias calonge abuelo
julio carabias salcedo bisabuelo

pablo necchi dijo...

mi mama con mis abuelos llegaron a tampico tamaulipas gracias a el PRESIDENTE LAZARO CARDENAS E 1937

pablo necchi dijo...

MI ABUELO QUE ERA MILITAR LOGRO CRUZAR LA FRONTERA CON MI ABUELA Y MI MAMA Y TOMAR EL BARCO QU LOS TRAJO A MEXICO

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